¿Cuáles son y qué significan las bienaventuranzas?


Las bienaventuranzas sirven de introducción al conocido Sermón del Monte que Jesús pronunció frente a sus discípulos y a muchos de sus seguidores. El pasaje bíblico se encuentra en Mateo 5:3-12. Por medio de las ocho bienaventuranzas Jesús describió cómo debe ser el carácter de sus discípulos y cuál es la recompensa que ellos reciben o recibirán.

Cuando leemos la palabra «bienaventurado» (o «dichoso», dependiendo de la traducción), debemos darle el sentido de una persona muy privilegiada. Las personas que menciona el pasaje bíblico son bienaventuradas, dichosas, privilegiadas. No lo serán en el futuro sino que ya lo son.

La sociedad moderna considera dichosos a los que tienen recursos materiales, una buena posición social o prestigio. Jesús nos da una visión muy diferente sobre los que son verdaderamente dichosos o bienaventurados.

Explicación de las bienaventuranzas:

Cada una de las bienaventuranzas va dirigida a un grupo específico de personas que está desarrollando la cualidad mencionada gracias a la obra del Espíritu Santo en sus vidas. Y es precisamente de eso de lo que se trata: de desarrollar el carácter que Dios desea ver en sus hijos.

A cada grupo se le promete que recibirá la bendición correspondiente. No importa cuán difícil sea su situación en el presente pueden estar seguros de que recibirán su recompensa. ¡Fortalezcamos nuestros corazones con esa verdad!

Las bienaventuranzas

1. Los pobres en espíritu

Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece.
(Mateo 5:3)

Los primeros son los que reconocen su pobreza espiritual y que necesitan a Dios como Salvador. Ellos van con un corazón humilde ante la presencia de Dios para suplicar su misericordia y su perdón (ver Lucas 18:9-14). Es ahí donde comienza nuestro andar con Jesús: al reconocer que no somos salvos por nuestros propios méritos sino por medio de él, por su gran misericordia y por su gracia.

El pobre en espíritu anhela reflejar el carácter de Jesús y que él sea glorificado en su vida. Vive en humildad, sometido al señorío de Cristo. Vemos que su recompensa, el reino de los cielos, le pertenece desde ya. No tiene que esperar al futuro, ya puede vivir en la realidad del reino de los cielos.

Jesús, al comenzar su ministerio terrenal, predicó: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca». El pobre en espíritu responde a ese mensaje con un arrepentimiento genuino ante el Señor y recibe su recompensa: ¡el reino de los cielos llega y transforma su vida!

2. Los que lloran

Dichosos los que lloran, porque serán consolados.
(Mateo 5:4)

Este grupo está muy relacionado con el primero. Habla de los que se arrepienten y lloran profundamente por sus pecados, por la forma en que sus acciones han ofendido a Dios y han causado una brecha entre ellos y Dios. Una vez más, son personas que reconocen su necesidad de Jesús y claman ante él con corazón contrito. Pablo habla de este sentir cuando dice «La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación...» (2 Corintios 7:10).

Es cierto que pasamos por situaciones tristes y difíciles en el transcurso de la vida y Dios también trae consuelo y paz a nuestros corazones en esos momentos. Pero la bienaventuranza es más bien para los que lloran con dolor profundo por los pecados cometidos. ¡Ellos serán consolados!

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3. Los humildes

Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia.
(Mateo 5:5)

Esta bienaventuranza hace referencia al Salmo 37:1-11. Allí se habla de alguien que confía plenamente en Dios y no se deja llevar por las actitudes de otros o por las injusticias que ve a su alrededor. El de espíritu manso y humilde no reacciona impulsivamente ante las situaciones sino que espera con paciencia la dirección de Dios para actuar de acuerdo con su voluntad.

La persona humilde o mansa sabe que Dios tiene todo el control, confía en él y se aferra a él y a sus promesas. Es alguien que espera sin dudar, con la confianza de que Dios cumple lo que dice y que su mover siempre resulta en un bien para sus hijos. La recompensa para el humilde: recibirá la tierra como herencia.

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4. Los que tienen hambre y sed de justicia

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
(Mateo 5:6)

Este grupo de personas anhela que haya justicia y que sea la justicia de Dios la que se manifieste en la tierra. No es un deseo sin más: es una gran fuerza y es por eso que buscan participar activamente para que haya justicia. Se acercan a Dios en busca de su justicia no solo para ellos sino también para las circunstancias que les rodean.

Reconocen que la verdadera justicia viene de Dios porque la han experimentado en sus vidas. Han recibido su perdón y le siguen en santidad y en obediencia. Saben que aun en medio de todo lo que parece injusto en este mundo Dios obrará tarde o temprano con su justicia y esta certeza los impulsa. La promesa para ellos es que serán saciados. Verán la manifestación de la justicia de Dios.

5. Los compasivos

Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión.
(Mateo 5:7)

El corazón transformado por el amor y el perdón de Dios mostrará misericordia y compasión, se identificará con el dolor ajeno y se compadecerá. Esto no quedará sin recompensa. El que muestre compasión por los demás también recibirá compasión cuando la necesite. Es como un bumerán.

¿Cómo se expresa la compasión? Siguiendo el ejemplo de Dios. Él nos abrió el camino hacia la vida eterna a través de Jesús cuando aun éramos pecadores (Romanos 5:8). Cuando somos compasivos tendemos la mano a los demás y les ayudamos a ser mejores personas e hijos de Dios.

El compasivo se esfuerza en entender la situación de los otros sin ignorar o dejar pasar los errores que hayan cometido. Les da las herramientas necesarias para que descubran y usen el potencial que Dios ha puesto en ellos. Mantiene los ojos fijos en lo que Dios quiere hacer y no en los errores que las personas hayan cometido.

6. Los de corazón limpio

Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.
(Mateo 5:8)

Tener un corazón limpio es tener un corazón que se inclina hacia las cosas que agradan a Dios. Quien tiene un corazón limpio busca la santidad y no se deja contaminar por sentimientos o actitudes que entristecen a Dios. Es puro el corazón que pertenece única y exclusivamente a Dios, que no pone a nada ni a nadie más en el trono. Dios es su Rey excelso, el que dicta y reina sobre cada sentimiento y cada pensamiento. ¡Y es por eso que verá a Dios!

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en su lugar santo? Solo el de manos limpias y corazón puro, el que no adora ídolos vanos ni jura por dioses falsos.
(Salmo 24:3-4)

7. Los que trabajan por la paz

Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
(Mateo 5:9)

Esta bienaventuranza es para los que trabajan activamente a favor de la paz. No se refiere a los que viven en paz: puedo vivir en paz porque me mantengo aislado de los demás o no me meto en la vida de nadie. Pero eso no quiere decir que esté colaborando intencionalmente para que haya paz porque sé que forma parte de la misión que Dios me ha encomendado.

La paz a la que se refiere es la paz interna, la de saber que somos hijos de Dios, que hemos sido reconciliados con él por medio de la obra de Jesús en la cruz. Para los pacificadores, su misión es reconciliar al mundo con Dios, ayudarle a vivir en su paz. Ellos serán llamados hijos de Dios porque expresan de una forma especial el corazón del Padre.

8. Los perseguidos por causa de la justicia

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece.
(Mateo 5:10)

Son bienaventurados los que son perseguidos porque actúan a favor de la justicia. Estas son las personas que no se quedan calladas cuando ven que se maltrata a un indefenso. Son los que levantan su voz y actúan a favor de los derechos de los que no se pueden defender porque saben que cada vida tiene valor ante Dios. Trabajan en busca de soluciones para que todos vivan en paz y reciban respeto.

A estos también, al igual que a los pobres en espíritu, les pertenece el reino de los cielos. Desde ya disfrutan de su recompensa. ¿Por qué? Porque el reino de los cielos se acerca cuando somos guiados por la justicia que viene de Dios.

Ánimo para los cristianos perseguidos:

Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes. (Mateo 5:11-12)

Los que son perseguidos por causa del Evangelio tendrán una gran recompensa en el cielo. Hoy día hay muchos hermanos que no tienen la libertad de ir a reunirse como Iglesia o ni siquiera pueden tener la Biblia en sus hogares. Son forzados a vivir su fe en solitario y con mucha cautela. Muchos están en prisión; sufren aquí, pero serán recompensados por la eternidad.

Debemos apoyarles en oración pidiendo a Dios que les fortalezca y que ellos puedan sentir su paz en medio de las dificultades que enfrentan diariamente.

Otros dichosos en el Libro de los Salmos

1. Los que no siguen lo malo sino que se deleitan en la Palabra del Señor

Salmo 1:1-3

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2. Los que han recibido el perdón de sus pecados

Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados. Dichoso aquel a quien el Señor no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño.
(Salmo 32:1-2)

3. Los que escogen servir y obedecer a Dios

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que escogió por su heredad.
(Salmo 33:12)

4. Los que se refugian en Dios

Prueben y vean que el Señor es bueno; dichosos los que en él se refugian.
(Salmo 34:8)

5. Los escogidos para servir a Dios

¡Dichoso aquel a quien tú escoges, al que atraes a ti para que viva en tus atrios!
(Salmo 65:4a)

6. Los que temen al Señor y le siguen

Dichosos todos los que temen al Señor, los que van por sus caminos. Lo que ganes con tus manos, eso comerás; gozarás de dicha y prosperidad.
(Salmo 128:1-2)

7. Los que tienen su esperanza puesta en Dios

Dichoso aquel cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en el Señor su Dios, creador del cielo y de la tierra, del mar y de todo cuanto hay en ellos, y que siempre mantiene la verdad.
(Salmo 146:5-6)