Cómo vencer el miedo: explicación del Salmo 121


¡El miedo puede ser vencido! Para lograrlo debemos retirar nuestra mirada de las situaciones adversas y enfocarnos en la presencia de Dios. Él está siempre a nuestro lado y puede protegernos de todo mal.

El Salmo 121 completo

A las montañas levanto mis ojos;
¿de dónde ha de venir mi ayuda?
Mi ayuda proviene del Señor,
creador del cielo y de la tierra.
No permitirá que tu pie resbale;
jamás duerme el que te cuida.
Jamás duerme ni se adormece
el que cuida de Israel.
El Señor es quien te cuida,
el Señor es tu sombra protectora.
De día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
El Señor te protegerá;
de todo mal protegerá tu vida.
El Señor te cuidará en el hogar y en el camino,
desde ahora y para siempre.

Explicación del Salmo 121

El Salmo 121 es parte de un conjunto de salmos descritos en la Biblia como «Cánticos de peregrinación» o «Cánticos de ascenso gradual» (salmos 120 - 134). Se cree que esos salmos eran cantados o recitados por los judíos mientras iban camino a Jerusalén para celebrar sus fiestas religiosas.

Esas caminatas o peregrinaciones estaban rodeadas de peligros. En muchas ocasiones bajaban de los montes animales salvajes o asaltantes que se habían escondido allí. Esa puede ser una de las razones por las que el salmista preguntó:

A las montañas levanto mis ojos;
¿de dónde ha de venir mi ayuda?
(Salmo 121:1)

Es posible que el salmista estuviera pensando en la diversidad de peligros que podían presentarles los montes por los que caminaban. Da la impresión de que el autor de este salmo tenía cierta lucha contra el miedo.

Precisamente el miedo es uno de los grandes problemas que la humanidad ha enfrentado hasta el día de hoy. Tenemos miedo de perder la salud, miedo de perder dinero, miedo de quedarnos solos, miedo de perder la vida... El miedo puede ser paralizador. Quien está en movimiento o intentando alcanzar algo no puede dejarse paralizar por el miedo.

El propio salmista da la respuesta a la pregunta que hizo en el primer versículo y lo hace lleno de seguridad:

Mi ayuda proviene del Señor,
creador del cielo y de la tierra.
(Salmo 121:2)

Aprendemos aquí que para vencer el miedo tenemos que retirar nuestra mirada de los montes o situaciones adversas, y decidir enfocarnos en la presencia del Dios todopoderoso. El Señor está a nuestro lado en el camino de la vida y nos protege del mal.

Del tercer versículo en adelante podemos ver 3 características de la presencia protectora de Dios. Al meditar sobre esas características podemos encontrar fuerzas para superar nuestros miedos.

1. La presencia protectora de Dios es constante

No permitirá que tu pie resbale;
jamás duerme el que te cuida.
Jamás duerme ni se adormece
el que cuida de Israel.
(Salmo 121:3-4)

Nuestro Dios no necesita dormir. Un guardia nocturno puede tomar una corta siesta de vez en cuando mientras hace su trabajo. Pero nuestro Dios no duerme ni toma siestas. Él está siempre alerta.

2. La presencia protectora de Dios es personal

El Señor es quien te cuida,
el Señor es tu sombra protectora.
(Salmo 121:5)

Como una sombra que nos protege o como nuestra propia sombra a nuestra diestra que permanece junto a nosotros mientras andamos, así es la presencia protectora de Dios. La presencia de Dios es personal, cercana y cuidadosa. El Señor está a nuestro lado en todo momento.

3. La presencia protectora de Dios es completa

De día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
El Señor te protegerá;
de todo mal protegerá tu vida.
El Señor te cuidará en el hogar y en el camino,
desde ahora y para siempre.
(Salmo 121:6-8)

En las regiones desérticas hace mucho calor durante el día y mucho frío durante la noche. La presencia protectora de Dios es completa, sea debajo del sol o de la luna, durante la salida o la llegada. Es una protección eficaz contra todo mal que dura para siempre.

Podemos vivir con la certeza de que la presencia protectora de Dios es constante, personal y completa.

¿Significa eso que nunca nos sucederá nada malo? ¡Claro que no! Lo que sí significa es que tenemos un Dios soberano a quien podemos acudir en nuestros momentos de aflicción. Ya que él es soberano, nos permite pasar muchas veces por situaciones adversas para que aprendamos a confiar más en él.

La mayoría de las veces el miedo está asociado a una actitud de incredulidad o desconfianza con respecto a Dios. Lleva tus miedos ante Dios, porque él siempre hace lo que es mejor para cada uno de nosotros. ¡Confía en él!