El concepto bíblico de la generosidad


La Biblia habla bastante sobre la generosidad y la importancia de que compartamos los recursos que Dios nos provee. La generosidad verdadera brota de un corazón genuino y noble que no busca recibir nada a cambio. Ese es el tipo de corazón que Dios quiere que tengamos. ¡Un corazón generoso que refleje el suyo!

Dios no nos pide nada que él no haya estado dispuesto a hacer. ¡Su corazón es el más generoso de todos! Fue por eso que envió a su Hijo, Jesús, a morir en la cruz para que recibamos el perdón de nuestros pecados y la vida eterna. Y es por eso que él se deleita en concedernos cosas buenas. La Biblia describe la generosidad de Dios de la siguiente manera:

Romanos 8:32

Dios, nuestro mejor ejemplo

Dios ha mostrado su generosidad con nosotros desde el comienzo de la creación. Antes de crear al hombre y a la mujer él se aseguró de crear y proveer todo lo necesario para su supervivencia. Creó una atmósfera propicia. Creó el agua, las plantas, los animales y todo lo que contribuiría a que el ser humano pudiera vivir en este planeta con todas sus necesidades básicas cubiertas.

Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras.
(Santiago 1:17)

Pero Dios no nos dejó sobre la tierra y se olvidó de nosotros. Todavía hoy, todo lo bueno que hay en nuestras vidas, todo lo que contribuye a nuestro bienestar tiene su origen en Dios. Podemos pensar que es porque nos esforzamos y trabajamos mucho, porque cuidamos bien de nuestra salud, porque supimos escoger a nuestro cónyuge... Por más que intentemos buscar una explicación tendremos que reconocer que Dios es el origen de todo lo bueno. Y así será por siempre pues él no cambia...

Aprendamos de la generosidad de Dios

¿Cómo es la generosidad de Dios? Veamos tres cosas importantes sobre su corazón generoso.

1. Dios es generoso con todos, lo merezcan o no

Mateo 5:45b nos dice algo interesante sobre Dios: «Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos».

La bondad y la generosidad de Dios no están dirigidas única y exclusivamente a los que son buenos y siguen sus caminos. Dios es generoso y extiende sus bondades a todos, buenos o malos, justos o injustos. Él murió en la cruz por toda la humanidad, para darnos la oportunidad de aceptar su regalo y de ser salvos (1 Timoteo 2:4).

Sin embargo, por lo general nosotros somos buenos con los que son buenos y agradables con nosotros. En Mateo 5 vemos que Dios nos llama a ser más como él y a ir en contra de la corriente de este mundo. Él nos insta a ser generosos con nuestro amor y con nuestras oraciones a favor de los que quieren hacernos daño y nos persiguen. Es de esa forma que se notará que somos sus hijos: cuando reflejemos su carácter a través de nuestras acciones.

Ustedes han oído que se dijo: “Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo”. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos.
(Mateo 5:43-45)

2. Dios nos bendice para que bendigamos

A Dios le gusta dar cosas buenas a sus hijos y lo hace no solo para que las disfrutemos sino para que las compartamos. En 2 Corintios 9:8-11 vemos que Dios nos suple suficiente para cubrir nuestras necesidades y desea que ese recibir nos motive a buscar oportunidades para hacer buenas obras en su nombre.

El dar a otros es un paso de fe. Al compartir con los demás en lugar de acumular, estamos declarando que confiamos plenamente en Dios y en que él podrá proveer también para nuestras necesidades futuras.

Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario, y toda buena obra abunde en ustedes.
(2 Corintios 9:8)

Para Dios es un acto de justicia el hecho de que compartamos con otras personas lo que él nos provee. Al no romper esa cadena de bendición y de generosidad que proviene de él abrimos la puerta para que otras personas disfruten de sus bondades. Eso resultará en acciones de gracias a Dios y el reconocimiento de que él es el dador de todo lo bueno.

2 Corintios 9:11

¿Qué dice la Biblia sobre el dinero?

3. La verdadera generosidad es algo extravagante y recibe recompensa

Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.
(Lucas 6:38)

Si damos de forma controlada y un poco a regañadientes, entonces debemos evaluar el por qué damos. La generosidad que sale de un corazón agradecido a Dios es una que casi casi no se puede controlar. Compartimos nuestro tiempo, nuestros talentos o dones y nuestros recursos económicos con los demás, seguros de que siempre habrá suficiente. Damos con mano abierta porque Dios nos bendice así: su mano nunca se cierra.

La generosidad del cristiano debe reflejar el corazón de Dios. Dios no creó la tierra y los humanos y luego se olvidó. Él se involucra activamente en nuestra vida. Cuando necesitamos ánimo nos da una palabra de aliento a través de su Palabra o a través de un hermano en la fe. Él escucha nuestras oraciones y actúa. Nosotros también debemos buscar la forma de mostrar el amor y el interés a aquellos que nos rodean.

Por último, damos generosamente como si estuviéramos dando algo a Dios. Cuando damos de forma generosa no pensamos «uf, ahora tengo menos». Lo hacemos pensando en lo maravilloso que es poder actuar conforme al corazón de Dios. Sabemos que lo que damos a otros, lo damos al Padre, y él siempre recompensa a sus hijos. Su presencia se hace más real cuando compartimos generosamente y reflejamos su corazón.

4 ejemplos bíblicos de generosidad:

1. Las iglesias de Macedonia

Relato bíblico: 2 Corintios 8:1-7

Las iglesias de Macedonia que menciona este capítulo son un buen ejemplo de gente con recursos económicos limitados, pero con una actitud muy generosa. Esas iglesias respondieron de todo corazón a un llamado que Pablo había hecho para ayudar a los hermanos en Jerusalén (ver 1 Corintios 16).

El relato bíblico dice, que aunque se encontraban «en medio de las pruebas más difíciles, su desbordante alegría y su extrema pobreza abundaron en rica generosidad» (2 Corintios 8:2). Ellos ofrendaron con un sentido de alegría que no se podía contener, desbordaba. No solo eso, algunos versículos más adelante mencionan que hasta daban más de lo que podían, o sea, de forma sacrificial.

Preguntas de reflexión:

¿Permito que mis recursos limitados me roben la alegría y el gozo de dar o compartir?
¿Qué cosas o actitudes puedo compartir generosamente en este momento?
¿Dónde tengo puesta la mirada: en mis escasos recursos o en la grandeza y fidelidad de Dios?

2. La viuda que ofrendó todo lo que tenía

Relato bíblico: Lucas 21:1-4; Marcos 12:41-44

Un día Jesús se detuvo a observar a los que venían a ofrendar. Vio a muchos que daban grandes cantidades y también vio a una viuda pobre que echó dos moneditas de poco valor. Sin embargo, él fijó su mirada precisamente en ella. Comentó a los que estaban con él que la viuda había ofrendado más que todos los demás porque había dado todo lo que le permitía su pobreza. Los otros simplemente ofrendaban lo que les sobraba.

Preguntas de reflexión:

¿Cuál es mi motivación al dar? ¿Doy porque me sobra o porque deseo bendecir a otros con lo que tengo, sea mucho o sea poco?
¿Permito que el miedo a quedarme sin nada influya en la decisión de si comparto o no?

3. El buen samaritano

Relato bíblico: Lucas 10:25-37

En la parábola del buen samaritano Jesús habla de un hombre que respondió con compasión y misericordia ante una persona necesitada. No se lo pensó sino que actuó movido por esa compasión. El samaritano iba tranquilo por su camino cuando vio a un hombre tirado en el suelo al que habían asaltado y golpeado violentamente.

En vez de salir corriendo o ignorarlo, como hicieron dos personas antes que él, este hombre samaritano decidió ayudar. Se encargó de vendar al herido y hasta lo llevó a un lugar para que lo cuidaran hasta su recuperación.

Preguntas de reflexión:

¿Cómo respondo ante las necesidades de los demás? ¿Intento aliviarles la carga dentro de lo que me es posible? ¿O pienso «ya lo hará otra persona»?
¿Me está animando Jesús a ayudar a alguien en este momento?

2 parábolas de Jesús con enseñanzas sobre el dinero

4. Zaqueo

Relato bíblico: Lucas 19:1-10

Zaqueo era un hombre muy rico, el jefe de los recaudadores de impuestos. Parece ser que no era muy honesto. Sin embargo, un día él se enteró de que Jesús pasaría por Jericó, la ciudad en la que vivía. Él tenía muchos deseos de conocer a Jesús, tantos que - como era muy bajito - estuvo dispuesto a subirse a un árbol para poder ver a Jesús.

Cuando Jesús pasó por allí vio a Zaqueo y decidió ir a su casa y quedarse allí. Los demás no vieron esto con buenos ojos, pero Jesús sabía que Zaqueo ya estaba listo para recibirlo a él no solo en su casa sino en su corazón. ¿Cómo se notó el cambio en Zaqueo? Él mostró que su encuentro con Jesús había sido genuino al actuar de inmediato con justicia y con generosidad:

Pero Zaqueo dijo resueltamente: Mira, Señor: Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes y, si en algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad que sea.
(Lucas 19:8)

¿Cuál fue la respuesta de Jesús? Jesús dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa » (Lucas 19:9). La transformación en el corazón de Zaqueo al recibir la salvación, resultó en una actitud más generosa y justa hacia las demás personas.

Preguntas de reflexión:

¿Permito que mi relación con Jesús influya en mis decisiones económicas?
¿Me esfuerzo en tratar a los demás de forma justa?
¿Muestro generosidad al compartir mi tiempo, mis talentos y mis recursos?

7 versículos para meditar:

1 Juan 3:17-18: la generosidad muestra que el amor de Dios está en nosotros

Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad, y no tiene compasión de él, ¿cómo se puede decir que el amor de Dios habita en él? Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad.
(1 Juan 3:17-18)

Mateo 25:37-40: lo que hacemos por los demás, lo hacemos por el Señor

Y le contestarán los justos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento, o necesitado de ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?” El Rey les responderá: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí”.
(Mateo 25:37-40)

Proverbios 11:24-25: la generosidad no se queda sin recompensa

Unos dan a manos llenas, y reciben más de lo que dan; otros ni sus deudas pagan, y acaban en la miseria. El que es generoso prospera; el que reanima será reanimado.
(Proverbios 11:24-25)

Proverbios 22:9: el simple hecho de ser generoso trae bendición

El que es generoso será bendecido, pues comparte su comida con los pobres.
(Proverbios 22:9)

Hechos 20:35: debemos sentirnos felices de poder ayudar a otros

Con mi ejemplo les he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir”».
(Hechos 20:35)

Proverbios 14:31: nuestra generosidad honra a Dios

El que oprime al pobre ofende a su creador, pero honra a Dios quien se apiada del necesitado.
(Proverbios 14:31)

1 Crónicas 29:14: Dios es el dueño de todo y lo que tenemos es debido a su bondad

Pero ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que podamos darte estas ofrendas voluntarias? En verdad, tú eres el dueño de todo, y lo que te hemos dado, de ti lo hemos recibido.
(1 Crónicas 29:14)