Crece en la sabiduría que viene de Dios


La sabiduría que viene de Dios no es igual a la sabiduría humana. Por lo general, la sabiduría humana se centra en acumular conocimiento. Alguien sabio es alguien que sabe mucho. Sin embargo, la sabiduría que Dios nos da es una que nos capacita para hablar o actuar reflejando su carácter en medio de cualquier circunstancia. La verdadera sabiduría tiene su origen en Dios y mientras más nos acerquemos a él, más sabios seremos.

El libro de Santiago en el Nuevo Testamento dice cosas muy interesantes sobre la sabiduría. En el capítulo 1, versículos 2-6, vemos que nuestra reacción ante las pruebas de la vida es una señal del nivel de sabiduría que tenemos. Durante los tiempos difíciles se ve con claridad si nos movemos impulsados por nuestras emociones y frustraciones o si lo hacemos guiados por la sabiduría que viene de Dios.

Las pruebas pueden traer como resultado crecimiento y bendición. Será así, si permitimos que Dios nos guíe en todo y que nos dé la sabiduría necesaria para actuar de forma correcta. Sin embargo, si queremos ser guiados por la sabiduría que viene de Dios debemos pedirla. Es un paso de humildad. Debemos abrir el corazón para que sienta lo que el Padre siente en medio de esa situación y para que vea las cosas desde su perspectiva.

Santiago 1:5-6

La sabiduría del mundo y la sabiduría de Dios

Santiago 3:13-18 expresa de una forma bastante clara la diferencia que hay entre la sabiduría que viene del mundo y la que Dios nos concede. Veamos la diferencia y propongámonos reflejar con nuestras palabras y acciones la sabiduría que viene de nuestro Señor.

1. La sabiduría se nota

¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, mediante obras hechas con la humildad que le da su sabiduría.
(Santiago 3:13)

Santiago va directo al grano. Él pregunta quién es sabio y entendido. ¡Tiempo para evaluarse con sinceridad! Su respuesta: la sabiduría se demuestra con la buena conducta. La persona sabia de verdad lo muestra a través de su comportamiento y de sus obras y lo hace con humildad.

No hacen falta las exigencias: la sabiduría se refleja por medio de las acciones. Cuando la persona sabia hace o dice algo es porque sabe que es lo correcto en ese momento. Va ante Dios en oración hasta que tiene la certeza de que hablará u obrará guiada por él y que será de ayuda y bendición para las demás personas.

2. Cómo reconocer la sabiduría terrenal

Pero, si ustedes tienen envidias amargas y rivalidades en el corazón, dejen de presumir y de faltar a la verdad. Esa no es la sabiduría que desciende del cielo, sino que es terrenal, puramente humana y diabólica. Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas.
(Santiago 3:14-16)

Lo que motiva nuestras palabras y acciones nos da una indicación muy clara. Si nos movemos impulsados por la envidia, los celos o el deseo de sobresalir, estamos actuando bajo la sabiduría terrenal, humana y diabólica. No importa cuánto intentemos negarlo, tarde o temprano se verá lo que hay detrás de nuestras acciones. El resultado será uno que traerá confusión y maldad.

¡Vigilemos nuestro corazón! No permitamos que reinen en nosotros las envidias, los celos y las rivalidades. Pidamos sabiduría a Dios para poder distinguir cuál es el origen de nuestras motivaciones y deseos.

3. Los frutos de la sabiduría de Dios

En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera.
(Santiago 3:17)

Aquí aprendemos a reconocer la sabiduría que viene de Dios. Primero que todo, es pura, no está contaminada con emociones dañadas, exigencias o deseos de poder. Su objetivo es lograr que brillen la paz, la bondad, la mansedumbre y el entendimiento en las relaciones. Actúa motivada por la compasión y sus acciones dan como resultado buenos frutos.

La sabiduría que viene del Señor no crea divisiones. Persevera hasta que se alcanza un entendimiento. Todo lo hace con sinceridad, sin fingimiento, porque sale de lo profundo de un corazón transformado por el Espíritu Santo de Dios. Y ese es el tipo de corazón que manifiesta el fruto del Espíritu mencionado en Gálatas 5:22-23.

Gálatas 5:22-25

4. Si siembras con sabiduría recibes buena cosecha

En fin, el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz.
(Santiago 3:18)

Se recoge lo que se siembra. Por lo tanto, el sabio que obra de forma justa contribuyendo siempre a un ambiente de paz, recibirá el fruto de sus actos de justicia y lo recibirá en paz.

Jesús: creciendo en sabiduría

En los Evangelios leemos que Jesús, Dios encarnado, pasó por todas las etapas de crecimiento que pasa cualquier ser humano. Una de las áreas en las que Jesús tuvo que crecer fue el área de la sabiduría. Si Jesús al hacerse humano tuvo que buscar activamente crecer en sabiduría, ¿cuánto más lo debemos buscar nosotros?

Ninguno de nosotros nace sabio. Vamos adquiriendo la sabiduría del Señor a través del estudio de la Palabra, pasando tiempo con Dios y al permitir que el Espíritu Santo nos transforme.

¿Qué resultados podemos esperar si crecemos en sabiduría? Primero, la gracia de Dios nos acompañará. Así sucedió con Jesús.

El niño crecía y se fortalecía; progresaba en sabiduría, y la gracia de Dios lo acompañaba.
(Lucas 2:40)

No sabemos mucho de la infancia de Jesús, pero sí sabemos que según él adquiría más de la sabiduría de Dios más evidente eran la gracia y el favor de Dios sobre él. Podemos esperar que nuestra sabiduría al tomar decisiones que glorifican a Dios y al tratar a los demás de forma justa, abrirá la puerta para que la gracia y el favor de Dios estén más presentes en nosotros. Los demás lo verán.

Otro resultado que podemos esperar es que, como sucedió con Jesús en su niñez, también gocemos del favor de las personas (Lucas 2:52). La sabiduría que viene de Dios nos hace ser personas más agradables, gente con la cual la mayoría de las personas se siente a gusto. La gente percibe la honestidad, la justicia y la bondad que Dios ha puesto en nosotros. Esto hace que nos traten con más consideración y favor.

Jesús siguió creciendo en sabiduría y estatura, y cada vez más gozaba del favor de Dios y de toda la gente.
(Lucas 2:52)

Algunos versículos sobre la sabiduría para meditar

1. Dios la concede

Porque el Señor da la sabiduría; conocimiento y ciencia brotan de sus labios.
(Proverbios 2:6)

2. Comienza con el temor del Señor

El comienzo de la sabiduría es el temor del Señor; conocer al Santo es tener discernimiento.
(Proverbios 9:10)

3. Nos da vida

Puedes ponerte a la sombra de la sabiduría o a la sombra del dinero, pero la sabiduría tiene la ventaja de dar vida a quien la posee.
(Eclesiastés 7:12)

4. Nos ayuda a bendecir a los demás

El charlatán hiere con la lengua como con una espada, pero la lengua del sabio brinda alivio.
(Proverbios 12:18)

5. Nos protege

No abandones nunca a la sabiduría, y ella te protegerá; ámala, y ella te cuidará.
La sabiduría es lo primero. ¡Adquiere sabiduría! Por sobre todas las cosas, adquiere discernimiento.
(Proverbios 4:6-7)

6. Es muy valiosa

Más vale adquirir sabiduría que oro; más vale adquirir inteligencia que plata.
(Proverbios 16:16)

7. Se adquiere con la actitud correcta

Escucha el consejo y acepta la corrección, y llegarás a ser sabio.
(Proverbios 19:20)

8. Nos ayuda a dar buen testimonio

Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada momento oportuno. Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno.
(Colosenses 4:5-6)

9. Nos guía para actuar con buen juicio

El principio de la sabiduría es el temor del Señor; buen juicio demuestran quienes cumplen sus preceptos. ¡Su alabanza permanece para siempre!
(Salmo 111:10)

10. Trae dicha y paz a nuestras vidas

Dichoso el que halla sabiduría, el que adquiere inteligencia. Porque ella es de más provecho que la plata y rinde más ganancias que el oro. Es más valiosa que las piedras preciosas: ¡ni lo más deseable se le puede comparar! Con la mano derecha ofrece larga vida; con la izquierda, honor y riquezas. Sus caminos son placenteros y en sus senderos hay paz. Ella es árbol de vida para quienes la abrazan; ¡dichosos los que la retienen!
(Proverbios 3:13-18)

¡Busquemos la sabiduría que viene de Dios!