Efesios 2, salvos por gracia


¿Qué quiere decir que somos salvos por gracia?

Ser salvos por gracia quiere decir que hemos sido liberados del poder del pecado y de la muerte gracias a la provisión de Dios. Fue Dios quien a través de Cristo nos dio acceso al perdón de nuestros pecados y a la vida eterna. Dios nos salvó de morir por la eternidad, lo hizo por su propia iniciativa y de forma gratuita.

Si somos sinceros admitiremos que no merecíamos la gracia de Dios. Todos hemos pecado, todos nos hemos desviado una y otra vez de lo que era correcto, de lo que Dios esperaba de nosotros. Pero Dios no lo dejó así. Él proveyó la solución debido a su gran amor por la humanidad. Dios actuó. Él nos dio de forma gratuita aquello que no merecíamos: nuestra salvación y la oportunidad de pasar la eternidad con él.

Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. (Efesios 2:8-9)

Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte.
(Efesios 2:8-9)

Nuestra condición anterior

Pablo escribió esta carta para sus hermanos en Cristo que se encontraban en Éfeso. En los primeros 10 versículos de este capítulo 2 él les habla sobre la vida en Cristo. Pablo enfatiza el cambio que debe haber en la vida de las personas una vez que experimentan el poder de la salvación por gracia. Él comienza recordándoles cuál era la condición de ellos antes de recibir la salvación por medio de Jesús.

En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados, en los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia. En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios.
(Efesios 2:1-3)

La condición del ser humano sin Dios es de muerte espiritual. El pasaje habla de transgresiones o delitos, pecados, los poderes de este mundo, las tinieblas... Una vida rodeada de oscuridad espiritual. Y eso es lo que el diablo desea, mantener a las personas atadas, confundidas, inmersas en la oscuridad. Él intenta por todos los medios que no puedan experimentar el poder libertador de Dios. Bajo esa condición el ser humano está destinado a la ira de Dios.

Pablo habla de los efesios, pero se incluye a sí mismo y a los demás cristianos (judíos o gentiles) ya que esa era la condición de todos ellos -y la nuestra- antes de experimentar la salvación a través de Jesucristo. La naturaleza del hombre sin Dios es una dominada por el pecado, pero una vez el ser humano abre su corazón a Dios, todo eso queda atrás. En Cristo hay nueva vida, hay victoria sobre el pecado. El hombre no tiene que vivir en la oscuridad por siempre.

Salvados gracias a la intervención de Dios

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales.
(Efesios 2:4-6)

«Pero Dios, que es rico en misericordia»... ¡Qué palabras más hermosas y poderosas! El corazón misericordioso de Dios ya tenía el plan para rescatar a la humanidad. En Jesucristo, Dios encarnado, tenemos la verdadera vida: la vida eterna. Y Dios nos la concedió gratuitamente. Dios no esperó hasta que fuéramos dignos. Él dio el primer paso y obró proveyendo la solución a través de Cristo Jesús.

En lugar de dejarnos muertos por la eternidad, Dios nos dio vida. ¡Nos resucitó en unión con Cristo! Es con él que podemos vivir la vida libre del pecado. Cristo nos da las fuerzas para vencer las tentaciones y es por su obra que no vivimos más en nuestros delitos y pecados.

De hecho, en Cristo estamos sentados en las regiones celestiales. ¡Ya hemos vencido! Esto es algo difícil de entender, pero la Biblia lo dice. Debemos recordar continuamente la victoria que Cristo consiguió para nosotros. Espiritualmente estamos con él a la diestra del Padre.

Este conocimiento viene con una gran responsabilidad: la de vivir una vida pura y agradable a Dios. Viviendo llenos del Espíritu Santo podremos dar la espalda al pecado cada día y vivir conforme a la voluntad de nuestro Dios.

Hay propósito

Para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús.
(Efesios 2:7)

Dios tiene un propósito para cada uno de sus hijos y ese propósito se cumplirá sin ninguna duda (Salmo 138:8). Es posible que aquí en la Tierra no logremos entender completamente la extensión de su propósito. Sin embargo, cuando estemos con Jesús en la eternidad, por fin entenderemos la grandeza del propósito de la gracia de Dios para nosotros y para toda la humanidad.

¡No hay nada que se compare con la riqueza de la gracia que Dios nos concedió por medio de Jesucristo! Vivamos vidas que den testimonio del poder transformador de la gracia de Dios.

Salvos por gracia

Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.
(Efesios 2:8-10)

Pablo enfatiza el hecho de que la salvación es por gracia. Él deja claro el concepto de que es un regalo de Dios. No hay nada que hayamos hecho o que podamos hacer para ganar la salvación.

Sin embargo, una vez recibida la salvación por gracia, nuestras obras darán testimonio de que somos hijos de Dios. De hecho, Dios en su infinita sabiduría preparó esas obras de antemano.

Según hacemos actos de bondad, misericordia, paz y amor en su nombre, nuestro Dios es exaltado y glorificado. Nuestro testimonio dejará claro que hemos experimentado la salvación por gracia y que pertenecemos a nuestro Señor por la eternidad.

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