Entendiendo los diez mandamientos


Los diez mandamientos son un resumen fundamental de la ley de Dios y en ellos encontramos la forma en la que Dios desea que nos comportemos con él y con todos los que nos rodean. Agradamos a Dios al obedecerlos. No debemos ver los mandamientos de Dios como restricciones o carga sino como una guía sencilla para poder saber y recordar la vida que le agrada a él.

1 Juan 5:2-3

Veamos los mandamientos uno a uno y reflexionemos sobre cómo ponerlos en práctica.

Los diez mandamientos

1. Tendrás un solo Dios

Éxodo 20:2-3

Dios, nuestro Creador y Salvador, no comparte su señorío con nada ni con nadie. Él es el único verdadero Dios y solo a él debemos adorar y alabar. Ninguna otra cosa o persona debe ocupar el trono de nuestro corazón. Nuestra prioridad debe ser siempre pasar tiempo con Dios, escuchar su voz y hacer su voluntad.

¿Cómo sabemos con certeza si Dios es nuestro único Dios? Observemos cómo empleamos nuestro tiempo y cómo tomamos nuestras decisiones. Si buscamos agradar y obedecer a Dios en todo y darle lo mejor de nosotros, de nuestro tiempo y de nuestros recursos, entonces podemos estar seguros de que lo tenemos a él como único Dios.

2. No te harás ídolos

Éxodo 20:4

Además de no tener ningún otro dios ni adorar a ningún objeto o persona, no debemos intentar limitar a Dios a una imagen o forma física. Lo que Dios creó puede mostrarnos cualidades suyas como Creador y Señor nuestro, pero no hay nada físico que logre definirle totalmente o nos muestre la plenitud de cómo es él.

Dios es único, nuestra mente finita no puede imaginar su grandeza o su esplendor. No intentemos encajonarlo dentro de nuestras ideas humanas sobre cómo es o cómo se ve.

3. No usarás el nombre de Dios en vano

Éxodo 20:7

Este mandamiento abarca más de lo que podemos pensar. Para empezar, deja claro que no debemos usar el nombre de Dios sin meditar bien lo que estamos diciendo. Hay muchas frases soeces en nuestra sociedad que muestran una enorme falta de respeto hacia Dios. ¡No debemos siquiera considerar decirlas! Obviamente, tampoco debemos maldecir, blasfemar o hacer juramentos en el nombre de Dios.

Hay otro tipo de frases que usan el nombre de Dios como una exclamación o para expresar el deseo de que algo se cumpla. Debemos tener también mucho cuidado con estas frases y evitarlas. El nombre de Dios debe ser alabado y santificado en todo momento (Mateo 6:9; Salmo 29:1-2). No importa cuánto lo acepte la sociedad, los hijos de Dios no debemos dar ningún otro uso a su nombre.

Otro aspecto de este mandamiento es el llamarnos cristianos (que significa pequeños Cristos, seguidores de Jesús) por tradición, pero seguir viviendo como nos place. Si nos llamamos cristianos debemos vivir de forma agradable a Dios y buscar que él sea glorificado a través de nuestras acciones. De lo contrario, estamos usando su nombre en vano.

Si afirmamos que tenemos comunión con él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad.
(1 Juan:6)

4. Acuérdate del día de descanso

Éxodo 20:8-10a

A Dios le interesa tanto nuestra salud física como la espiritual y es por eso que nos llama a tomar un día de descanso cada semana. En ese día, el sábado o día de reposo, debemos descansar de nuestros trabajos y honrar a Dios.

Desde el mismo principio de la creación Dios dio importancia al día de reposo. En Génesis 2:1-3 dice:

Así quedaron terminados los cielos y la tierra, y todo lo que hay en ellos. Al llegar el séptimo día, Dios descansó porque había terminado la obra que había emprendido. Dios bendijo el séptimo día, y lo santificó, porque en ese día descansó de toda su obra creadora.
(Génesis 2:1-3)

Dios santificó el día de reposo, lo apartó como día de descanso, no porque él lo necesitara sino para mostrarnos la importancia de guardarlo. El día de descanso debe usarse para buscar la presencia de Dios y descansar. Tenemos los demás días de la semana para trabajar, pero el día de reposo debe ser para reponer fuerzas y buscar la presencia de Dios de una forma especial.

5. Honra a tu padre y a tu madre

Éxodo 20:12

Con este mandamiento comienzan los que se enfocan en nuestras relaciones con los demás. Nuestros padres son las primeras personas importantes en nuestra vida y de ellos depende nuestra supervivencia los primeros años. Aunque los padres son imperfectos (como todos los seres humanos), el mandamiento nos llama a honrarlos y hasta nos da una promesa si lo cumplimos: disfrutaremos de larga vida.

Con el pasar de los años crecemos y llevamos vidas independientes, pero el mandamiento no termina: debemos honrar a nuestros padres toda la vida. Lo que aprendemos en el hogar forma la base de nuestra relación con los demás y con Dios. Si desde niños damos el debido honor o respeto a nuestros padres, según vayamos creciendo se nos hará más fácil honrar y respetar a los demás y a Dios.

Versículos bíblicos sobre la familia

6. No matarás

Éxodo 20:13

Dios valora nuestra vida desde el mismo momento de la concepción (Salmo 139:15-16) y en este mandamiento se nos prohíbe acabar con la vida de las personas. Dios nos ama en gran manera y su plan o deseo para nosotros es que tengamos vida en abundancia y que recibamos la vida eterna a través de Jesús (Juan 10:10; Juan 3:16).

Sin embargo, este mandamiento tiene una implicación más amplia. En Mateo 5:21-22 Jesús dice que no se trata solo de terminar la vida de otra persona sino que...

«...todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal. Es más, cualquiera que insulte a su hermano quedará sujeto al juicio del Consejo. Y cualquiera que lo maldiga quedará sujeto al fuego del infierno.»

Así que para cumplir con el mandamiento en toda su extensión necesitamos examinar bien nuestros corazones y asegurarnos de eliminar todo enojo u odio contra nuestros hermanos.

7. No cometerás adulterio

Éxodo 20:14

Este mandamiento prohíbe a cualquier persona casada tener una relación sexual voluntaria con otra persona que no sea su cónyuge. Sin embargo, Jesús explicó este mandamiento de una forma interesante en Mateo 5:27-28. Sus palabras fueron:

«Ustedes han oído que se dijo: “No cometas adulterio”. Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón.»

Vemos que el adulterio comienza en el corazón con el deseo de tener a otra persona en lugar del propio cónyuge. ¡Cuidemos el corazón! Seamos obedientes a Dios, busquemos fortalecer cada día nuestro amor y lealtad hacia nuestro cónyuge.

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8. No robarás

Éxodo 20:15

Aquí se nos exhorta a respetar la propiedad privada de los demás y a no intentar quitarles lo que les pertenece. Hay muchas otras cosas que podemos robar a la gente, no solo el dinero y sus posesiones. En Levítico 19:11-13 vemos que el mandamiento se refiere a esas cosas también.

Por ejemplo, si intentamos engañar a alguien prometiéndole algo que no cumpliremos, eso es robar porque estamos ofreciendo algo que no le daremos. También podemos robar no pagando por un producto o servicio, o dando un pago injusto o inferior al merecido. Examinémonos y busquemos obrar siempre de forma justa al tratar a las demás personas.

9. No darás falso testimonio

Éxodo 20:16

Dios prohíbe todo tipo de mentira. No debemos mentir o calumniar buscando beneficiarnos, defendernos o hacer daño a los demás. Debemos esforzarnos en ser honestos, buscar la justicia y andar siempre en la verdad.

¿Quién, Señor, puede habitar en tu santuario? ¿Quién puede vivir en tu santo monte? Solo el de conducta intachable, que practica la justicia y de corazón dice la verdad; que no calumnia con la lengua, que no le hace mal a su prójimo ni le acarrea desgracias a su vecino...
(Salmo 15:1-3)

10. No codiciarás

Éxodo 20:17

El décimo mandamiento se enfoca en la actitud de nuestro corazón y lo que ocurre en lo profundo de nuestro ser. Codiciar es desear con ansias algo que le pertenece a otra persona. Al codiciar mostramos insatisfacción con lo que Dios nos ha concedido en la vida. En vez de agradecerle por sus bendiciones y bondades, nos comparamos con los demás y encontramos faltas en aquello que Dios nos ha provisto. ¡Qué triste!

Vemos que este mandamiento enlaza los otros nueve: el descontento ante lo que Dios me ha provisto me lleva a desear obtener lo que pertenece a mi prójimo. Por lo tanto, debemos esforzarnos en llenar nuestros corazones de gratitud y contentamiento por todo lo que Dios nos ha dado. Al enfocarnos en sus bondades y en su amor, en la salvación que nos ha concedido, no quedará espacio en nuestros corazones para la insatisfacción.

Puede parecer difícil cumplir los diez mandamientos en todo momento. Sin embargo, no depende de nuestro esfuerzo sino de cuán llenos estamos del amor de Dios y del Espíritu Santo. Mientras más nos llenamos de él más deseamos agradarle y obedecerle. Pasa tiempo con Dios cada día, lleva ante él tus cargas y luchas y él te dará las fuerzas para permanecer fiel y glorificarle en todo lo que haces, sientes y piensas.

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