La historia de José y los sueños


José era uno de los doce hijos de Jacob y, según dice la Biblia, el favorito de su padre. Cuando José tenía diecisiete años de edad su padre le regaló una túnica de colores. Los hermanos ya estaban resentidos con él porque le contaba a su padre las cosas malas que ellos hacían y la túnica aumentó el rencor en ellos. Como si fuera poco, José tenía un don especial: Dios le revelaba a través de sueños cosas que sucederían.

Los sueños proféticos de José

En su juventud, José tuvo dos sueños relacionados con él y su familia y decidió contarlos. En el primer sueño él se vio en el campo junto a sus hermanos atando gavillas (conjunto de ramas). De repente, su gavilla se levantó muy recta mientras que las gavillas de sus hermanos se inclinaban frente a la suya.

En el segundo sueño José vio el sol, la luna y once estrellas - que representaban a sus padres y sus hermanos - inclinándose ante él. Como es de esperar, ninguno de los sueños sentó bien a sus hermanos. El enojo y la envidia crecieron en sus corazones así que comenzaron a tramar la forma de deshacerse de José. Su padre, sin embargo, reflexionaba sobre esos sueños.

La realidad es que ambos sueños venían de Dios y hablaban de algo que llegó a cumplirse con el pasar de los años. Luego de soportar muchos pesares e injusticias José llegó a ser alguien muy importante y toda su familia tuvo que inclinarse ante él.

José vendido como esclavo

En una ocasión, los hermanos de José estaban en otro lugar apacentando ovejas y Jacob, el papá, envió a José a ver si sus hermanos estaban bien. Cuando sus hermanos lo vieron de lejos vestido con su túnica de colores, comenzaron a tramar un plan para deshacerse de él (Génesis 37:12-36).

La idea original era bastante macabra lo cual nos revela la condición del corazón de algunos de sus hermanos:

Se dijeron unos a otros: Ahí viene ese soñador. Ahora sí que le llegó la hora. Vamos a matarlo y echarlo en una de estas cisternas, y diremos que lo devoró un animal salvaje. ¡Y a ver en qué terminan sus sueños!
(Génesis 37:19-20)

Sin embargo, Rubén - el hermano mayor - se opuso a que le hicieran daño a José. Él propuso que lo arrojaran a una cisterna y lo dejaran allí. En realidad, su idea era venir luego a rescatar a su hermano y llevarlo de vuelta a casa, con vida.

Pero el plan tomó un giro inesperado cuando los otros hermanos vieron una caravana de mercaderes madianitas que se dirigía a Egipto. Judá, uno de los hermanos, propuso no matar a José sino venderlo y así lo hicieron. Así fue como José se encontró vendido como esclavo y camino a Egipto.

Los hermanos tomaron la túnica de colores de José y la empaparon con sangre de cabrito. Al llegar a casa hicieron creer a Jacob que José había muerto devorado por un animal salvaje.

Por su parte, cuando los madianitas llegaron a Egipto vendieron a José por segunda vez. Allí lo compró un funcionario de faraón y capitán de la guardia llamado Potifar.

José comenzó a trabajar para él y todo lo que hacía salía bien, algo que no pasó desapercibido. Por esta razón, Potifar decidió nombrarlo mayordomo de toda su casa y administrador de sus bienes.

Génesis 39:5

La casa prosperaba y todos estaban contentos. Lo único que Potifar no compartía con José era, obviamente, su mujer. Por desgracia, la mujer de Potifar se antojó con seducir a José y ahí comenzaron los problemas. José no cedía al acoso y ella lo resentía.

Un día, cuando todos los que trabajaban en la casa estaban en otro lugar, la mujer aprovechó para acercarse a José y agarrarlo por la ropa. Él salió corriendo porque tenía temor de Dios y porque no quería causar pesar a Potifar. Al salir corriendo dejó su manto en las manos de la mujer.

Ella, despechada, decidió contar la historia a su manera. Llamó a los siervos de la casa gritando y les enseñó el manto de José diciendo que él había intentado aprovecharse de ella. Cuando el marido llegó, ella le contó la misma historia y él, enfurecido, mandó que echaran a José en la cárcel donde estaban los presos del rey.

José, el intérprete de sueños

La Biblia dice en Génesis 39:20b-21 que «aun en la cárcel el Señor estaba con él y no dejó de mostrarle su amor». José se ganó con facilidad la confianza del guardia de la cárcel y este lo puso como encargado de todos los prisioneros y de todo lo que se hacía allí.

Como el Señor estaba con José y hacía prosperar todo lo que él hacía, el guardia de la cárcel no se preocupaba de nada de lo que dejaba en sus manos.
(Génesis 39:23)

Una vez más, tal y como había sucedido con Potifar, José vio cómo Dios le daba gracia ante los ojos de la persona encargada.

Luego de un tiempo, el faraón se enojó con dos de sus funcionarios, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos, y los envió a la cárcel donde estaba José. Pasó un periodo de tiempo y luego, una noche, tanto el copero como el panadero, tuvieron un sueño cada uno.

Por la mañana, José los notó algo inquietos y les preguntó qué les pasaba. Ellos le confesaron que habían tenido dos sueños y que no encontraban a nadie que pudiera decirles el significado de estos. José les contestó lleno de confianza en Dios:

¿Acaso no es Dios quien da la interpretación? —preguntó José—. ¿Por qué no me cuentan lo que soñaron?
(Génesis 40:8b)

El sueño del jefe de los coperos

El primero en relatar su sueño fue el jefe de los coperos. Él vio en su sueño una vid con tres ramas que comenzó a florecer y produjo uvas. Se vio a sí mismo sosteniendo la copa del faraón, exprimiendo uvas antes de entregar la copa a su jefe. José le dijo que el sueño significaba que en tres días el copero sería indultado y volvería a su trabajo anterior como copero del faraón.

José aprovechó para pedirle al jefe de los coperos que, cuando regresara a su trabajo, se acordara de él y hablara bien sobre él ante el faraón. Esperaba de esa forma que el faraón tuviera misericordia, que se diera cuenta de la injusticia que le habían hecho y decidiera sacarlo de la cárcel.

El sueño del jefe de los panaderos

Cuando el jefe de los panaderos vio que la interpretación para el copero era positiva decidió contarle su sueño a José. Él se había visto con tres canastas de pan sobre su cabeza. En la canasta de arriba había un gran surtido de repostería, pero las aves venían y se comían lo que había en las canastas.

José le dijo que dentro de tres días el faraón lo mandaría a decapitar colgándole de un árbol. Las aves vendrían y devorarían su cuerpo. Al cabo de tres días sucedió tal y como José había dicho: el jefe de los coperos volvió a su trabajo, pero ahorcaron al jefe de los panaderos.

Los sueños del faraón

Pasaron dos años. José ya tenía treinta años y permanecía preso. Una noche el faraón tuvo dos sueños. En el primero se vio junto al río Nilo. De pronto vio siete vacas gordas y hermosas que salieron del río y se pusieron a pastar. Detrás de ellas salieron otras siete vacas que eran muy flacas y feas y estas se comieron a las primeras. Pero aun así ni engordaron ni se vieron más fuertes.

En el segundo sueño el faraón vio siete espigas de trigo, grandes y hermosas, que salían de un tallo. Tras ellas brotaron siete espigas muy delgadas y quemadas. Al igual que había visto en el sueño de las vacas, las siete espigas delgadas se comieron a las más grandes, pero permanecieron igual de delgadas y quemadas.

El faraón se levantó preocupado y envió a llamar a todos los magos y sabios de Egipto, pero ninguno logró interpretar sus sueños. Fue en ese momento que el copero del rey se acordó de José. Le comentó al faraón cómo José había interpretado correctamente su sueño y el del panadero dos años antes. El faraón mandó a llamar a José a quien sacaron de la cárcel.

José interpreta los sueños del faraón

José, luego de vestirse bien y arreglarse, se presentó ante el faraón. Este le comentó que se había enterado de que José interpretaba sueños. Una vez más, tal como había hecho frente al copero y al panadero, José le dio la gloria a Dios:

Génesis 41:16

El faraón le contó sus sueños a José y él los interpretó. José dijo que los dos sueños significaban lo mismo y que el hecho de que soñara dos veces mostraba que Dios estaba decidido a realizar lo que anunciaba. Vendrían siete años de mucha abundancia a Egipto, pero a estos les seguirían siete años de escasez y hambre. Serían de tal magnitud que la gente ni siquiera se acordaría de toda la abundancia anterior.

José pasó entonces a aconsejar al faraón. Le dijo que debía encontrar a una persona sabia y competente que se hiciera cargo de administrar bien a Egipto. El propósito sería usar sabiamente los recursos disponibles y acumular suficiente para los años de escasez. José dio consejos muy sabios al faraón y este contestó:

¿Podremos encontrar una persona así, en quien repose el espíritu de Dios?
Luego le dijo a José: Puesto que Dios te ha revelado todo esto, no hay nadie más competente y sabio que tú. Quedarás a cargo de mi palacio, y todo mi pueblo cumplirá tus órdenes. Solo yo tendré más autoridad que tú, porque soy el rey.
(Génesis 41:39-40)

José, gobernador de Egipto

Fue así como José pasó de estar en la cárcel injustamente a ser el gobernador de Egipto. El faraón le dio un nuevo nombre a José, Zafenat Panea, y le dio una esposa, una mujer llamada Asenat, hija de un sacerdote.

José comenzó a trabajar diligentemente para el faraón. Durante los siete años de abundancia logró acumular alimento más que suficiente para todos. Cuando comenzó la escasez, no afectó solo a Egipto sino que se extendió por todas las naciones. Por esto, empezó a llegar gente de todo el mundo con el propósito de comprar alimentos.

Los hermanos de José fueron algunos de los que vinieron a Egipto desde otros países y regiones del mundo para comprar alimento. Al final, sí que se postraron ante José pidiendo su favor y comida, tal y como José había soñado cuando solo tenía diecisiete años.

Dios le dio dones especiales a José y él, con el paso de los años, aprendió a usarlos de forma eficiente y sabia. ¿Conoces los dones que Dios te ha dado? ¿Los estás usando para la gloria de Dios?

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