Jesús: el camino, la verdad y la vida


En Juan 14:6 leemos que Jesús es el camino hacia Dios. ¿Cómo puede ser esto posible? La realidad es que tan pronto Adán y Eva escogieron pecar desobedeciendo a Dios, él comenzó a trazar el plan para nuestro perdón. Dios no nos quiso dejar separados de él. ¡Todo lo contrario! Él tomó la iniciativa. Decidió venir encarnado como un ser humano, Jesús, para morir en la cruz como el sacrificio perfecto y así darnos la oportunidad de vivir con él por la eternidad.

Es por esto que Jesús pudo declarar ser el único camino para llegar a Dios. No solo eso, sino que es a través de él que podemos conocer la verdad y recibir la vida eterna. Veamos por qué Jesús dijo esas palabras y descubramos la importancia que tienen para nosotros hoy.

¿Con quién hablaba Jesús?

Jesús estaba con sus discípulos en la última cena. Él les estaba explicando que su fin se acercaba y que debía regresar al Padre así que ya no estaría más con ellos físicamente. Como es de esperar ellos se asombraron y se entristecieron. Habían pasado tres años con Jesús, eran sus amigos, sus discípulos. Y ahora se tenían que despedir de él...

En ese momento de tristeza e incertidumbre Jesús los anima:

No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y, si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté. Ustedes ya conocen el camino para ir adonde yo voy.
(Juan 14:1-4)

Jesús les dice que la separación física sería temporal, luego ellos también irían al hogar del Padre. De hecho, les dice que ya ellos conocían el camino al Padre. Tomás, siempre inquisitivo, le pregunta que cómo era posible que ellos conocieran el camino si ni siquiera sabían dónde era el hogar del Padre. Es ahí que Jesús contesta con este versículo tan conocido...

Juan 14:6

Jesús, el camino a Dios

Lo primero que Jesús dice es «Yo soy el camino». ¿El camino a dónde? El camino al Padre, al hogar del Padre. En realidad no es difícil de entender: un hijo sabe dónde vive su padre. Jesús estaba en la tierra, pero antes había estado al lado del Padre en el hogar celestial y sabía cómo regresar allá. Por eso él es el camino, él nos conduce hasta Dios Padre por medio de su muerte y su resurrección.

Pero es más que esto. Jesús estaba animando a sus discípulos a cambiar la mirada de lo temporal a lo eterno. Nosotros recibimos el mismo reto. Nuestra morada aquí en la tierra es por un período de años y terminará. Pero podemos tener la morada eterna en la casa del Padre y debemos decidir mientras estamos vivos si queremos pasar la eternidad con él o no.

Jesús es la provisión de Dios para que moremos con él por la eternidad. Solo Jesús estuvo dispuesto a morir por nuestros pecados. Él había declarado : «El Padre y yo somos uno» (Juan 10:30). Solo en Jesús - Dios hecho humano - obtenemos el perdón que necesitamos y la paz con Dios. Por nosotros mismos o por nuestros propios esfuerzos nunca seríamos capaces de obtener la salvación y la vida eterna. Dios mismo nos abrió el camino a través de Jesús.

Para reflexionar: ¿Has aceptado a Jesús en tu corazón? ¿Le has reconocido como el único camino hacia Dios a través del cual puedes recibir la salvación y la vida eterna?

oasis Juan 14:6

Jesús, la verdad que nos libera

En Jesucristo está revelada la verdad sobre cómo es Dios Padre. Al leer los evangelios nos damos cuenta del amor tan grande de Dios para la humanidad, cuánto le interesa nuestro bienestar físico (nuestra salud, por ejemplo) y sobre todo, nuestro bienestar espiritual. El ministerio de Jesús consistió en sanar enfermos, liberar endemoniados, resucitar muertos, consolar a los afligidos... Y todas esas acciones revelan claramente la verdad sobre el corazón de Dios y su gran amor por nosotros.

Dios nos ama muchísimo y saber eso debe llenar nuestros corazones de gozo y gratitud. El sabernos amados de una forma tan real y completa nos libera. Nos hace libres para vivir la vida que Dios desea que vivamos dejándole guiarnos. Aceptamos los retos diarios porque sabemos que Dios nunca nos dejará solos. Contamos con su ayuda y podemos tener la confianza de su fidelidad y presencia en medio de cualquier situación.

Para reflexionar: ¿Has escuchado la voz de Dios en tu corazón hablando la verdad sobre quién es él y quién eres tú en él? ¿Has recibido el amor de Dios, ese amor que permanece y que nos acepta sin condiciones mientras nos ayuda a crecer y a dar lo mejor de nosotros mismos?

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Jesús, la vida

En Jesús encontramos la verdadera vida, una con propósitos claros tanto para nuestros años sobre la tierra como para la eternidad. El diablo intenta quitarnos la paz, la salud, la certeza de que nuestra vida cuenta para algo. Su deseo es mantenernos desanimados y separados de Dios. Le damos permiso para hacerlo cada vez que pecamos y elegimos rechazar a Dios.

Sin embargo, Jesús vino a la tierra para que podamos tener la vida abundante que Dios desea para nosotros.

El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia.
(Juan 10:10)

Con su vida Jesús nos mostró cómo vivir, qué prioridades tener, cómo actuar. Con su muerte y su resurrección Jesús venció el poder de la muerte. Gracias a él tenemos acceso a la vida que el Padre había deseado para nosotros desde el principio: una vida en amistad con Dios, disfrutando de su presencia por siempre.

Cuando le pedimos a Jesús que sea nuestro Señor y Salvador, abrimos la puerta a esa vida abundante que Dios nos quiere dar. Su Espíritu Santo nos llena con su fruto y nos capacita para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios para nosotros. En Cristo vivimos con esperanza; está en nosotros escoger si aceptaremos vivir cada día con él, por la eternidad.

Para reflexionar: ¿Refleja tu vida que Cristo vive en ti? ¿Sientes la presencia de Dios a diario, el gozo y la esperanza de saber que él está contigo en todo momento? ¿Buscas la dirección de Dios en oración cada día para que guíe tus decisiones?

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