7 de los milagros más conocidos de Jesús


Jesús hizo muchos milagros durante su ministerio en la tierra y los Evangelios nos narran algunos de ellos. Esos milagros tenían como propósito glorificar a Dios y mostrar que en realidad Jesús era el Hijo de Dios. Jesús tocó la vida de muchas personas con la manifestación de su poder y sus obras milagrosas. Sus milagros mostraron también el amor y la compasión de Dios para la humanidad.

1. Cambiar el agua en vino

Texto bíblico: Juan 2:1-11

Este fue el primer milagro de Jesús. Él, su madre y sus discípulos habían sido invitados a una boda en Caná de Galilea. De repente, se acabó el vino lo cual presentaba una situación incómoda y vergonzosa para los novios.

María, la madre de Jesús, fue donde él y le dijo sencillamente: «Ya no tienen vino» (Juan 2:3). Jesús le contestó algo que suena un poco cortante en español, pero en su idioma mostraba respeto. Él le dijo a María: «Mujer, ¿eso qué tiene que ver conmigo? —respondió Jesús—. Todavía no ha llegado mi hora.» (Juan 2:4). Sin embargo, tal como ella esperaba, Jesús actuó.

Su madre dijo a los sirvientes: Hagan lo que él les ordene.
Había allí seis tinajas de piedra, de las que usan los judíos en sus ceremonias de purificación. En cada una cabían unos cien litros.
Jesús dijo a los sirvientes: Llenen de agua las tinajas.
Y los sirvientes las llenaron hasta el borde.
—Ahora saquen un poco y llévenlo al encargado del banquete —les dijo Jesús.
Así lo hicieron. El encargado del banquete probó el agua convertida en vino sin saber de dónde había salido, aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Entonces llamó aparte al novio y le dijo: Todos sirven primero el mejor vino y, cuando los invitados ya han bebido mucho, entonces sirven el más barato; pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora.
(Juan 2:5-10)

Jesús transformó el agua en un vino de la mejor calidad posible y el novio recibió elogios. Su boda no fue recordada como la boda en la que se terminó el vino antes de tiempo. ¡No! Es recordada como la boda en la que se sirvió al final el mejor vino. Gracias a la intervención de Jesús, lo que podía haber sido motivo de mucha vergüenza se convirtió en motivo de alegría y orgullo.

¿Por qué Jesús hizo ese milagro? Podría decirse que quizás fue para complacer a su madre o para evitarles una vergüenza a los novios. La realidad es que la Biblia dice que fue para revelar su gloria: el poder de Dios se manifestó a través de él.

Esta, la primera de sus señales, la hizo Jesús en Caná de Galilea. Así reveló su gloria, y sus discípulos creyeron en él.
(Juan 2:11)

2. Alimentación de los 5000

Texto bíblico: Mateo 14:13-21; Marcos 6:31-44; Lucas 9:10-17; Juan 6:5-14

Jesús acababa de recibir la noticia de la muerte de Juan el Bautista, su primo. Se había retirado en una barca para estar más tranquilo, pero las multitudes se enteraron de hacia donde se dirigía y lo siguieron.

Cuando Jesús desembarcó y vio a tanta gente, tuvo compasión de ellos y sanó a los que estaban enfermos.
(Mateo 14:14)

El corazón de Jesús era uno muy compasivo. Él dejó de lado su propio dolor para comenzar a ministrar de inmediato a las personas que habían llegado hasta allí. Al atardecer, sus discípulos le sugirieron dejar ir a la gente para que comieran y se fueran a sus casas. Jesús les contestó: «No tienen que irse —contestó Jesús—. Denles ustedes mismos de comer.» (Mateo 14:16). Pero alimentar a cinco mil hombres (más las mujeres y los niños) no era una tarea fácil.

Los discípulos le dijeron a Jesús que solo tenían cinco panes y dos pescados, quizás para intentar que entrara en razón. ¿La respuesta de Jesús? «Tráiganmelos acá» (Mateo 14:18). Jesús ni se inmutó. Él confiaba en el inmenso poder de Dios, sabía que habría más que suficiente y así fue.

Y mandó a la gente que se sentara sobre la hierba. Tomó los cinco panes y los dos pescados y, mirando al cielo, los bendijo. Luego partió los panes y se los dio a los discípulos, quienes los repartieron a la gente. Todos comieron hasta quedar satisfechos, y los discípulos recogieron doce canastas llenas de pedazos que sobraron. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.
(Mateo 14:19-21)

¡Todos comieron y hasta sobraron 12 canastas llenas de comida! En ese día, Jesús alimentó tanto el cuerpo como el espíritu de todas aquellas personas. Todos ellos fueron testigos de la compasión y el poder de Dios en acción a través de su Hijo Jesús.

3. Caminar sobre el agua

Texto bíblico: Mateo 14:22-33; Marcos 6:45-52; Juan 6:15-21

Después de alimentar a las más de 5000 personas, Jesús se quedó despidiendo a la multitud y envió a sus discípulos en una barca hasta la otra orilla. Cuando la gente se fue, Jesús subió a la montaña para tener un tiempo de oración a solas. Jesús oró hasta la madrugada cuando decidió reunirse en la barca con sus discípulos. La barca ya estaba bastante lejos, pero eso no presentaba ningún problema para Jesús. Él fue andando sobre el agua hasta alcanzar la barca.

Cuando los discípulos lo vieron se asustaron y comenzaron a gritar:

¡Es un fantasma! —gritaron de miedo.
Pero Jesús les dijo en seguida: ¡Cálmense! Soy yo. No tengan miedo.
(Mateo 14:26-27)

Pedro, con su temperamento temerario, le dijo: «Señor, si eres tú, mándame que vaya a ti sobre el agua.» (Mateo 14:28). Y así lo hizo Jesús. Le dijo, «Ven». Al principio, todo iba bien. Pedro bajó de la barca y caminó hacia Jesús. Pero el viento se hizo más fuerte y Pedro sintió temor así que comenzó a hundirse.

Entonces gritó: ¡Señor, sálvame!
En seguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo, lo reprendió: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

Cuando subieron a la barca, se calmó el viento. Y los que estaban en la barca lo adoraron diciendo: Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.
(Mateo 14:30b-33)

Como vemos, este milagro llevó a las personas que lo presenciaron a adorar a Jesús y a reconocer que él era realmente el Hijo de Dios.

4. Sanidad de 10 leprosos

Texto bíblico: Lucas 17:11-19

Jesús se dirigía a Jerusalén pasando por Samaria y Galilea. Por el camino le salieron al encuentro diez leprosos. Ellos le gritaron a Jesús desde la distancia (pues tenían prohibido por ley acercarse a las personas sanas):

¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!
(Lucas 17:13)

Ellos conocían quién era Jesús y aprovecharon para presentar su petición ante él. Jesús solo les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes.» (Lucas 17:14). Él no les prometió nada ni les dijo nada más, pero ellos obedecieron. Mientras iban por el camino, los diez leprosos recibieron sanidad. Sus cuerpos quedaron completamente limpios sin rastro de la lepra.

Uno de ellos, al verse ya sano, regresó alabando a Dios a grandes voces. Cayó rostro en tierra a los pies de Jesús y le dio las gracias, no obstante que era samaritano.
—¿Acaso no quedaron limpios los diez? —preguntó Jesús—. ¿Dónde están los otros nueve? ¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero? Levántate y vete —le dijo al hombre—; tu fe te ha sanado.
(Lucas 17:15-19)

Aunque fueron 10 los hombres sanados, solo uno regresó alabando a Dios y dando gracias. Ese gesto de adoración y de reconocimiento del poder de Dios en Jesús bastó para que recibiera un regalo más grande: la salvación. Él, un samaritano, obtuvo también ese día la sanidad de su alma pues reconoció el señorío de Jesús.

5. Resurrección de Lázaro

Texto bíblico: Juan 11:1-46

Marta, María y Lázaro eran tres hermanos, amigos muy queridos de Jesús. Cuando él iba a Betania, el pueblo donde vivían, los visitaba y a veces se quedaba con ellos. Un día, las hermanas mandaron a avisar a Jesús que Lázaro estaba muy enfermo. Cuando Jesús recibió el mensaje, dijo:

Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que por ella el Hijo de Dios sea glorificado.
(Juan 11:4)

Jesús se quedó otros dos días donde estaba con los discípulos antes de ir a Betania a ver a Lázaro. Los discípulos no deseaban ir allá porque temían que les hicieran daño si regresaban a Judea, ya que los judíos habían intentado apedrear a Jesús. De todas formas, fueron con él.

Cuando llegaron allá se encontraron con que Lázaro llevaba 4 días en el sepulcro. Por el camino, Jesús se encontró con Marta y tuvieron la siguiente conversación.

Señor —le dijo Marta a Jesús—, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora Dios te dará todo lo que le pidas.
—Tu hermano resucitará —le dijo Jesús.
—Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final —respondió Marta.
Entonces Jesús le dijo:
—Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?
(Juan 11:21-26)

¡Claro que Marta lo creía! Ella estaba segura de que en Cristo, ellos tenían la vida eterna. Marta fue a avisarle a María que Jesús ya estaba cerca y María salió a alcanzarlo. Jesús tuvo una conversación con ella parecida a la que había tenido con Marta, pero Jesús quedó muy conmovido al ver a María llorar y preguntó dónde habían puesto a Lázaro.

Jesús lloró (Juan 11:35) y se dirigió con ellos hacia el sepulcro. Al llegar allí, les ordenó quitar la piedra.

Entonces quitaron la piedra. Jesús, alzando la vista, dijo: Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Ya sabía yo que siempre me escuchas, pero lo dije por la gente que está aquí presente, para que crean que tú me enviaste.
Dicho esto, gritó con todas sus fuerzas: ¡Lázaro, sal fuera!
El muerto salió, con vendas en las manos y en los pies, y el rostro cubierto con un sudario.
—Quítenle las vendas y dejen que se vaya —les dijo Jesús.
(Juan 11:41-44)

Tal como Jesús había dicho, la enfermedad no terminó en muerte sino en resurrección. ¡Jesús, el Hijo de Dios fue glorificado! Y ese vino a ser también día de salvación para muchas personas. El versículo 45 dice: «Muchos de los judíos que habían ido a ver a María y que habían presenciado lo hecho por Jesús creyeron en él.».

6. Sanó desde la distancia al siervo de un centurión

Texto bíblico: Mateo 8:5-13; Lucas 7:1-10

Un centurión que vivía en Capernaúm tenía un siervo al que apreciaba mucho, pero el siervo estaba enfermo con parálisis. El centurión había oído hablar de Jesús y decidió pedirle ayuda. ¿Su petición? La sanidad de su siervo.

Sin embargo, el centurión no se sentía digno de que Jesús entrara en su casa y así se lo dijo.

Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una sola palabra, y mi siervo quedará sano. Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores, y además tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: “Ve”, y va, y al otro: “Ven”, y viene. Le digo a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.
Al oír esto, Jesús se asombró y dijo a quienes lo seguían: Les aseguro que no he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe.
(Mateo 8:8-10)

Jesús le concedió su petición y en ese mismo momento su siervo quedó sano (Mateo 8:13).

7. Sanidad y liberación de un muchacho endemoniado

Texto bíblico: Mateo 17:14-21; Marcos 9:14-29; Lucas 9:37-43

Un hombre estaba desesperado porque había un espíritu demoníaco que se apoderaba de su hijo provocándole ataques. El hombre fue donde Jesús y le suplicó de rodillas que obrara y sanara a su hijo. Él ya había pedido ayuda a los discípulos de Jesús, pero ellos no habían podido echar fuera el demonio.

Jesús le dijo que trajera a su hijo y así lo hizo el padre.

Jesús reprendió al demonio, el cual salió del muchacho, y este quedó sano desde aquel momento.
(Mateo 17:18)

En Lucas 9:43 leemos que «todos se quedaron asombrados de la grandeza de Dios.». Una vez más, el poder de Dios manifestado por medio de Jesús tocó no solo al muchacho y a su padre, sino que otros que presenciaron el milagro también fueron impactados.

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