9 oraciones poderosas de la Biblia que te ayudarán a orar


Por toda la Biblia podemos encontrar lindas oraciones o súplicas a Dios llenas de poder. Además de leerlas y meditar en ellas, podemos usarlas como ejemplo para nuestras propias oraciones. Veamos algunas de ellas y permitamos que nos ayuden a fortalecer nuestra vida de oración.

1. La oración de Jesús por sí mismo

Texto bíblico:

Después de que Jesús dijo esto, dirigió la mirada al cielo y oró así:
Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti, ya que le has conferido autoridad sobre todo mortal para que él les conceda vida eterna a todos los que le has dado. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado. Yo te he glorificado en la tierra, y he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame en tu presencia con la gloria que tuve contigo antes de que el mundo existiera.
(Juan 17:1-5)

Breve explicación del texto:

Jesús sabía que se acercaba el final de su vida física y estaba con sus discípulos. En el capítulo anterior, Juan 16, Jesús contestó algunas preguntas de sus discípulos. También les habló sobre lo que estaba a punto de suceder y sobre la venida del Espíritu Santo, se despidió de ellos y les dio palabras de ánimo.

En este capítulo 17 vemos que Jesús comenzó a orar. Esta es la oración más extensa de Jesús que encontramos en las Escrituras. En la primera sección, Jesús comenzó orando por sí mismo. Le pidió al Padre celestial que se glorificara en él para que él glorificara al Padre durante todo lo que estaba por suceder.

Oración que puedes hacer, inspirada en Juan 17:1-5:

Padre amado, tú sabes lo que me depararán este día y el resto de mi vida. Pongo en ti toda mi confianza sabiendo que tú me acompañarás en todo momento. Señor, mi anhelo es glorificarte en todo lo que hago. Guíame, por favor. Ayúdame a vivir dentro de tu voluntad y a recordar la salvación y la vida eterna que me has concedido a través de Jesucristo, tu Hijo.
Gracias, Padre, por revelarte a mi vida. ¡Tú eres el único Dios verdadero! Quiero llevar a otros tu mensaje de salvación. Anhelo que todos mis familiares y mis amigos te conozcan. Muéstrame cómo ser más efectiva en mi forma de alcanzar a otros para tu reino.
Gracias, Señor amado, porque tú me conoces desde antes de yo nacer. Gracias porque me has dado la esperanza de la vida eterna y puedo vivir día tras día con la confianza de que estaré contigo por toda la eternidad. Te alabo y te glorifico hoy y por siempre. En el nombre de tu Hijo amado, Jesucristo, amén.

2. La oración de Jesús por sus discípulos

Texto bíblico:

A los que me diste del mundo les he revelado quién eres. Eran tuyos; tú me los diste y ellos han obedecido tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les he entregado las palabras que me diste, y ellos las aceptaron; saben con certeza que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que me has dado, porque son tuyos. Todo lo que yo tengo es tuyo, y todo lo que tú tienes es mío; y por medio de ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar por más tiempo en el mundo, pero ellos están todavía en el mundo, y yo vuelvo a ti.
Padre santo, protégelos con el poder de tu nombre, el nombre que me diste, para que sean uno, lo mismo que nosotros. Mientras estaba con ellos, los protegía y los preservaba mediante el nombre que me diste, y ninguno se perdió sino aquel que nació para perderse, a fin de que se cumpliera la Escritura.
Ahora vuelvo a ti, pero digo estas cosas mientras todavía estoy en el mundo, para que tengan mi alegría en plenitud. Yo les he entregado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco lo soy yo. Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo los envío también al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
(Juan 17: 6-19)

Breve explicación del texto:

En esta segunda sección de la oración de Jesús en Juan 17, Jesús oró específicamente por sus discípulos, aquellos con los que él compartió su vida de una manera más cercana. Jesús había visto el crecimiento espiritual de ellos y su vida de obediencia, pero sabía que les esperaban días difíciles. Por eso rogó por la protección del Padre en sus vidas. Pidió a Dios que les ayudara a mantenerse firmes en la fe.

Jesús rogó por el apoyo del Padre en medio de la persecución y por su protección sobre ellos frente a los ataques del maligno. Ellos pertenecían a Cristo y el diablo intentaría confundirlos para que flaquearan en la fe. Por eso Jesús rogó también al Padre que los santificara en la verdad de su Palabra. Al ellos permanecer firmes en la verdad del Evangelio vivirían en santidad, aun en medio de los problemas o tentaciones que vendrían.

Oración que puedes hacer, inspirada en Juan 17:6-19:

Mi Señor y mi Dios, muchísimas gracias por todas las personas con las que he podido compartir tu amor y tu Palabra. Gracias por aquellos que he podido discipular y ayudar en su andar contigo. Gracias por permitirme ser portador de tus palabras y de tu presencia. ¡Qué bendición más grande ver el crecimiento espiritual de los que han decidido seguirte y servirte!
Señor, te agradezco por la vida de obediencia de mis hermanos en la fe. Te ruego que les ayudes a permanecer firmes en ti en medio de las dificultades. Protégelos y guárdalos de todo mal.
Padre, somos tus hijos y no pertenecemos a este mundo. Tú nos envías a testificar a este mundo, pero no pertenecemos a él sino a ti. Ayúdanos a mantener nuestra vista puesta en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe. Ayúdanos a vivir siempre en santidad y a aferrarnos a tu verdad para que no nos dejemos engañar por las artimañas del enemigo.
Queremos seguir el ejemplo de Jesús cada día y vivir firmes en ti, conforme a tu voluntad. Ayúdanos a perseverar en tus caminos, a ser tus testigos fieles y a vivir siempre en santidad para tu gloria y tu honra. En el nombre de Jesús, amén.

Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad. (Juan 17:17)

Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad.
(Juan 17:17)

3. La oración de Jesús por todos los creyentes

Texto bíblico:

No ruego solo por estos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos, para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí.
Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy. Que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo.
Padre justo, aunque el mundo no te conoce, yo sí te conozco, y estos reconocen que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer quién eres, y seguiré haciéndolo, para que el amor con que me has amado esté en ellos, y yo mismo esté en ellos.
(Juan 17:20-26)

Breve explicación del texto:

En la tercera sección de su oración, Jesús oró al Padre por todos los que creerían en él a través del mensaje de los discípulos. O sea, oró por la iglesia que surgiría gracias a la labor evangelizadora de sus discípulos directos. Él no solo pidió por la unidad entre los miembros de la iglesia, sino que también oró porque la iglesia permaneciera aferrada a él y al Padre. Esas dos vertientes de la unidad serían parte esencial del testimonio que debían dar.

El mensaje del Evangelio de Jesús llegaría a todos los rincones del mundo a través del mensaje hablado por cada uno de sus discípulos y seguidores, y también a través del testimonio efectivo y poderoso de ellos. La gloria de Dios se revelaría a los demás mostrando el poder del amor de Dios. De esa forma, la iglesia crecería.

Oración que puedes hacer, inspirada en Juan 17:20-26:

Señor amado, te agradezco por todos aquellos que se rendirán a ti como consecuencia del mensaje predicado por tu iglesia en esta generación. Ayúdanos a ser efectivos en llevar tu Palabra. También ayúdanos a dar un testimonio poderoso de unidad. Que trabajemos juntos para bendecir y animar a todos los que nos rodean. Señor, no queremos hacer nada por nuestras propias fuerzas, queremos depender de ti, estar llenos de ti y de tu poder redentor.
Señor, danos un deseo ferviente de fortalecer nuestra fe en medio de cualquier situación. Ayúdanos a buscar tu presencia, tu paz, tu poder y tu amor cada día. ¡Que tú seas nuestra prioridad!
Renuévanos cada día y ayúdanos a ser efectivos al alcanzar a los demás para tu reino. Queremos ir a los que nos rodean llenos de tu poder y de tu amor. Danos hoy una revelación nueva de ti, que mantengamos nuestro espíritu ardiendo con la llama de tu Espíritu Santo.
Mi Dios, oro por las generaciones futuras. Que sean sensibles a tu voz y todavía más efectivas en el deseo de llevar tu Palabra a todas las naciones. Que tu iglesia brille con tu luz de tal forma, que las personas a su alrededor anhelen recibirte y vivir para ti. En el nombre de Jesús, amén.

Aprende más sobre la oración con la oración de Jesús en Juan 17

4. La oración de los discípulos frente a la persecución

Texto bíblico:

Cuando lo oyeron, alzaron unánimes la voz en oración a Dios: «Soberano Señor, creador del cielo y de la tierra, del mar y de todo lo que hay en ellos, tú, por medio del Espíritu Santo, dijiste en labios de nuestro padre David, tu siervo:
“¿Por qué se sublevan las naciones
y en vano conspiran los pueblos?
Los reyes de la tierra se rebelan
y los gobernantes se confabulan
contra el Señor y contra su ungido”.
En efecto, en esta ciudad se reunieron Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y con el pueblo de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien ungiste para hacer lo que de antemano tu poder y tu voluntad habían determinado que sucediera. Ahora, Señor, toma en cuenta sus amenazas y concede a tus siervos el proclamar tu palabra sin temor alguno. Por eso, extiende tu mano para sanar y hacer señales y prodigios mediante el nombre de tu santo siervo Jesús.
(Hechos 4:24-30)

Breve explicación del texto:

Pedro y Juan habían orado por un mendigo lisiado que se encontraba a la puerta del templo. El hombre había sido sanado. Se levantó saltando y alabando a Dios, algo que llenó a la multitud de asombro y admiración (Hechos 3:8-10). La multitud siguió a Pedro, a Juan y al hombre recién sanado. Pedro aprovechó esa oportunidad para predicar el Evangelio de Jesús.

Los sacerdotes, los saduceos y otros se disgustaron al ver a Pedro y Juan hablando con la gente. Los mandaron a echar en la cárcel hasta la mañana siguiente. Pero miles de los que habían oído el mensaje, creyeron (Hechos 4:4). Al otro día, los sacaron de la cárcel y les pidieron explicaciones.

Pedro, lleno del Espíritu Santo, aprovechó para predicar delante de los gobernantes el mensaje de salvación por medio de Jesús. Los gobernantes estaban asombrados y no sabían qué hacer con ellos. Decidieron amenazarlos para que no siguieran divulgando el mensaje de Jesús. Los llamaron y les ordenaron terminantemente que dejaran de hablar y enseñar acerca del nombre de Jesús.

Pedro y Juan les dijeron que no dejarían de hablar sobre lo que habían oído y vivido con Jesús. Al quedar libres, fueron donde estaban reunidos los hermanos y les comentaron lo que había sucedido. También les hablaron sobre la prohibición de predicar el evangelio. ¿La respuesta de ellos? ¡Oraron para que Dios los ayudara a predicar su Palabra sin ningún temor!

Oración que puedes hacer, inspirada en Hechos 4:24-30:

Soberano Dios, creador del universo, nuestro Padre y Señor. Tú conoces la situación del mundo actual. Tú ves la persecución a la que nos enfrentamos tus hijos en muchos países. Hay lugares en los que se prohíbe adorarte o reunirse como iglesia. Familiares y amigos persiguen y traicionan a los que te aman.
En otros países, aunque hay libertad religiosa, se discrimina contra los que siguen los valores basados en las enseñanzas de Jesús. Padre, ayúdanos a todos tus hijos a estar firmes en nuestra fe y a obedecer tu mandato de llevar el Evangelio a toda criatura sin dejarnos intimidar.
Protege tu iglesia, Padre, y llénala de valor y sabiduría para que sepa actuar en medio de cualquier situación.
Tú conoces los peligros y las amenazas que enfrentamos tus hijos a diario. Danos osadía y que tu Espíritu Santo nos llene para que podamos proclamar tu mensaje sin ningún temor.
Haz señales y prodigios en nosotros y a través de nosotros para que todos vean tu poder y se rindan ante ti. ¡Queremos que tú seas glorificado! Muestra tu poder, Señor mi Dios. Transforma las naciones para tu gloria y tu honra. En el nombre de Jesús, amén.

5. La oración de Jabés

Texto bíblico:

Jabés le rogó al Dios de Israel: «Bendíceme y ensancha mi territorio; ayúdame y líbrame del mal, para que no padezca aflicción». Y Dios le concedió su petición. (1 Crónicas 4:10)

Jabés le rogó al Dios de Israel: «Bendíceme y ensancha mi territorio; ayúdame y líbrame del mal, para que no padezca aflicción». Y Dios le concedió su petición.
(1 Crónicas 4:10)

Breve explicación del texto:

Este capítulo de 1 Crónicas habla sobre los descendientes de Judá. En medio de todos los nombres encontramos dos versículos dedicados a Jabés (1 Crónicas 4:9-10). Estos dos versículos contienen básicamente toda la información que la Biblia nos da sobre ese él.

Según nos dice el versículo 9, «Jabés fue más importante que sus hermanos». No sabemos por qué, pero así fue. El mismo versículo nos dice que su mamá lo dio a luz con aflicción y por eso le puso ese nombre. En hebreo, Jabés suena como la palabra que significa dolor o aflicción.

El versículo 10, en el que encontramos la oración de Jabés, nos ayuda a entender algo más sobre él. Era un hombre de fe que oraba al Dios de Israel, y Dios decidió concederle su petición.

Oración que puedes hacer, inspirada en 1 Crónicas 4:10:

Padre bueno y santo, muchas gracias por las bendiciones que me has concedido durante mi vida. Te ruego que sigas bendiciéndonos a mí y a mi familia y que nos concedas muchas oportunidades para ser de ánimo y ayuda a los que nos rodean. Extiende nuestro círculo de amistades y conocidos para que podamos llevar tu mensaje de amor a muchas personas más.
Señor, ayúdanos en medio de nuestras luchas, fortalece nuestra fe cada día. Líbranos de todo mal, Padre. Son muchos los peligros que nos rodean y la aflicciones que pueden llegarnos, pero confiamos en tu poder protector y en tu cuidado constante.
Gracias porque tú escuchas nuestras oraciones y obras a nuestro favor. Te adoramos hoy y por siempre, Amén.

6. La oración del Padre nuestro

Texto bíblico:

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan cotidiano.
Perdónanos nuestras deudas,
como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.
Y no nos dejes caer en tentación,
sino líbranos del maligno,
porque tuyos son el reino y el poder y la gloria para siempre.
Amén.
(Mateo 6:9-13)

Breve explicación del texto:

La muy conocida oración del Padre nuestro, es la oración que Jesús dio a sus discípulos como modelo o ejemplo al enseñarles a orar. En ella encontramos básicamente una guía sobre cómo deben ser nuestras oraciones y la actitud que debemos tener. Al orar debemos reconocer la soberanía y grandeza de Dios y también expresar la realidad de nuestra dependencia de él.

Oración que puedes hacer, inspirada en Mateo 6:9-13:

► Padre nuestro que estás en los cielos, exaltado y glorificado sea tu nombre en todas las naciones. Venga tu reino, mi Señor y mi Dios. Manifiesta tu poder y tu señorío en este mundo que tanto necesita de ti. Anhelamos ver tu voluntad cumplirse en este mundo, tal como se cumple en el cielo. Obra hoy con poder.
Padre, suple a todas nuestras necesidades en este día. En ti está puesta nuestra confianza.
Señor, tú nos conoces. Ayúdanos a reconocer nuestros errores y fallas y a arrepentirnos de corazón. Perdónanos, Padre Dios, y ayúdanos a perdonar a los que han cometido faltas contra nosotros. Danos un corazón como el tuyo, listo para perdonar y amar.
Señor nuestro, ayúdanos a permanecer firmes en medio de la tentación. Que huyamos a tiempo y no nos dejemos engañar por el maligno. Líbranos de sus artimañas, ayúdanos a tener sabiduría en todo momento y a estar llenos de tu Espíritu para poder vencer las tentaciones. Señor Dios, tuyo es el reino, tuyo es el poder y tuya es toda la gloria por toda la eternidad. Amén.

El significado de la oración del Padre nuestro

7. Oración de David rogando por liberación

Texto bíblico:

¡Sálvame, Señor mi Dios, porque en ti busco refugio!
¡Líbrame de todos mis perseguidores!
De lo contrario, me devorarán como leones;
me despedazarán, y no habrá quien me libre.
(Salmo 7:1-2)

Dios justo, que examinas mente y corazón,
acaba con la maldad de los malvados
y mantén firme al que es justo.
Mi escudo está en Dios,
que salva a los de corazón recto.
(Salmo 7:9-10)

Breve explicación del texto:

En este salmo, David pide ser vindicado de sus enemigos. La introducción del salmo habla de Cus el benjamita. Nadie sabe con certeza quién era él o cuál era su problema con David. Lo cierto es que David se sentía agobiado y acudió al Señor para pedir su ayuda, que lo liberara de la opresión que recibía por parte de esa persona.

David sabía a quién acudir en medio de sus problemas. Su confianza estaba puesta en Dios y se acercaba a su Padre celestial ante cualquier situación para pedir su ayuda e intervención. David sabía que podía compartir todo con Dios, que no tenía que llevar sus cargas solo porque servía al Dios todopoderoso que ama a los suyos y se deleita en ayudarlos.

Oración que puedes hacer, inspirada en el Salmo 7:1-2 y 9-10:

¡Señor, tú eres mi Dios! Necesito que intervengas y me salves de mis enemigos. ¡Líbrame de todos ellos, por favor! Padre, en medio de mis enemigos, yo me refugio solo en ti y confío en tu gran poder. Sé que tú eres quien puede librarme de todas las amenazas y peligros. Tú eres mucho más poderoso que cualquiera de mis adversarios. No permitas que me hagan daño, por favor. Intervén a mi favor, Dios mío.
Gracias porque tú eres Dios justo. Tú conoces los pensamientos más profundos y las intenciones del corazón de cada persona. Te pido que nos examines y obres conforme a lo que veas en nuestro ser. Yo confío en tu justicia.
Tú eres mi escudo, Señor. Gracias por rodearme con tus brazos poderosos. Ayúdame a mantener un corazón recto en medio de toda esta situación. Deseo agradarte siempre y hacer tu voluntad en todo momento. En el nombre de Jesús, amén.

8. Exhortación a la alabanza y la adoración

Texto bíblico:

¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!
Alaben a Dios en su santuario,
alábenlo en su poderoso firmamento.
Alábenlo por sus proezas,
alábenlo por su inmensa grandeza.
Alábenlo con sonido de trompeta,
alábenlo con el arpa y la lira.
Alábenlo con panderos y danzas,
alábenlo con cuerdas y flautas.
Alábenlo con címbalos sonoros,
alábenlo con címbalos resonantes.
¡Que todo lo que respira alabe al Señor!
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!
(Salmo 150)

¡Que todo lo que respira alabe al Señor! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! (Salmo 150:6)

¡Que todo lo que respira alabe al Señor!
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!
(Salmo 150:6)

Breve explicación del texto:

Este es el último salmo o poema del libro y tiene un solo tema: la alabanza a Dios. El salmista exhorta al pueblo a alabar y exaltar a Dios en todo lugar, por todas las razones posibles y con todo lo que tengan a su disposición.

El salmo se puede ver como un llamado a enfocarnos en Dios. Si nos fijamos en su poder, en su grandeza y en su amor en lugar de enfocarnos en nosotros o en nuestras circunstancias, nuestra alabanza fluirá libremente. Desarrollaremos un sentido de admiración ante el Señor que nos inspirará en nuestros momentos de adoración y alabanza a él.

Oración que puedes hacer, inspirada en el Salmo 150:

Señor, mi Dios, solo tú eres merecedor de toda nuestra alabanza y adoración. Queremos alabarte y glorificarte cada día con nuestras acciones, nuestras voces, nuestras canciones, con trompetas, con guitarras y con todo nuestro ser. Gracias por crear toda esta naturaleza maravillosa que nos rodea y gracias porque nos acompañas en todo momento. ¡Tu presencia nos llena de gozo y de paz!
No hay nadie como tú, Señor amado. De ti recibimos todas las bendiciones cada día y a ti acudimos en nuestros momentos de necesidad y tristeza. Te alabamos por tu presencia constante, por tu amor incondicional y por tu provisión precisa en todo momento.
Padre, queremos adorarte con todo lo que tenemos y elevar cánticos jubilosos ante tu presencia porque solo tú eres digno de nuestra adoración. ¡Te adoraremos por siempre! Mientras respiremos y tengamos vida, toda nuestra adoración será solo para ti. ¡Aleluya! ¡Alabado seas por toda la eternidad!

9. Oración de Jesús sometiéndose a la voluntad del Padre

Texto bíblico:

«Es tal la angustia que me invade, que me siento morir —les dijo—. Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo».
Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú».
(Mateo 26:38-39)

Breve explicación del texto:

Jesús sabía que esa noche comenzaba la cuenta atrás de sus horas como humano sobre la tierra. Él sabía lo que le esperaba, su muerte física no iba a ser nada fácil. Jesús llevaría el peso de todos los pecados del mundo y se enfrentaría por primera - y única - vez a la separación momentánea del Padre.

Ese conocimiento le causó cierta angustia y se dirigió a Getsemaní a orar. Con esa oración Jesús mostró su dependencia del Padre y su sometimiento total a su voluntad. Aunque humanamente él deseaba no tener que pasar por el dolor de la muerte en la cruz, su deseo mayor era obedecer al Padre y cumplir con la misión para la cual había venido a la tierra.

Oración que puedes hacer, inspirada en Mateo 26:38-39:

Padre Dios, tú conoces las angustias por las que estoy pasando en este momento. Hay situaciones que no entiendo, me es difícil esperar a que tú intervengas. Pero aun en medio de todos estos problemas, yo elijo confiar en ti y obedecerte. Mi mayor deseo es que tu voluntad se cumpla en mi vida.
Ayúdame a ser valiente y a fortalecerme en ti cada día. Tú sabes hasta donde yo puedo aguantar. Por favor, ten misericordia y obra a mi favor tan pronto como sea posible. ¡Te necesito! Padre, renuévame con la presencia de tu Espíritu Santo y hazme fuerte y valiente para tu gloria en medio de esta situación. En ti confío y en ti me refugio. Gracias porque sé que estás obrando. En el nombre de Jesús, tu Hijo amado y mi Señor. Amén.

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