2 parábolas de Jesús con enseñanzas sobre el dinero


Muchos se sorprenden al leer los Evangelios y ver todo lo que Jesús dijo sobre el dinero y las finanzas. La verdad es que casi la mitad de las parábolas de Jesús hace referencia a temas financieros y enseña algo sobre el manejo responsable de nuestras finanzas.

Existe un vínculo entre la vida espiritual saludable y el buen uso de lo que tenemos. Mientras más escuchamos y obedecemos a Dios más sabio es el uso que damos a lo que él nos provee.

Veamos dos de las parábolas de Jesús y aprendamos algunos principios útiles para el manejo de nuestras finanzas.

1. El rico insensato

Uno de entre la multitud le pidió: Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo. —Hombre —replicó Jesús—, ¿quién me nombró a mí juez o árbitro entre ustedes? ¡Tengan cuidado! —advirtió a la gente—. Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes». Entonces les contó esta parábola: —El terreno de un hombre rico le produjo una buena cosecha. Así que se puso a pensar: “¿Qué voy a hacer? No tengo dónde almacenar mi cosecha”. Por fin dijo: “Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes, donde pueda almacenar todo mi grano y mis bienes. Y diré: Alma mía, ya tienes bastantes cosas buenas guardadas para muchos años. Descansa, come, bebe y goza de la vida”. Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?” Así le sucede al que acumula riquezas para sí mismo, en vez de ser rico delante de Dios».
-- Lucas 12:13-21

Lo que nos enseña sobre el dinero

1. Debemos cuidarnos de toda avaricia

El problema no era que el hombre pedía que su hermano compartiera la herencia con él, esa petición era válida. Pero Jesús detectó que el hombre tenía un problema de avaricia. La persona avariciosa nunca está satisfecha con lo que tiene. Su razón de ser es tener más y mejores cosas. No piensa en las necesidades de los demás ni ve la importancia de ayudar a otros. Al parecer, el hombre de la parábola ya tenía suficiente, pero anhelaba acumular más riquezas.

Los hijos de Dios no debemos ser así. Él no nos provee para que acumulemos sino para que sigamos su ejemplo de generosidad compartiendo con los demás. Tengamos mucho o poco, siempre hay algo con lo que podemos ayudar. Jesús fue contundente: debemos abstenernos de toda avaricia (v.15). Él no desea que vivamos para nuestras posesiones sino que usemos lo que tenemos de forma sabia y con el firme propósito de llevar su amor y su presencia a los que nos rodean.

2. Nuestro valor no se encuentra en lo que poseemos

Nuestro valor no está ni se basará jamás en las cosas que tenemos. Somos valiosos por quiénes somos en Cristo gracias a la misericordia y bondad de Dios. Todos hemos sido creados a su imagen y semejanza con propósitos específicos (Génesis 1:26-27). Al mantener nuestros ojos en él y en su voluntad nos enfocamos en lo que es realmente valioso e importante.

Dios ha preparado buenas obras que desea que realicemos para bendecir a otros y así acercarlos a él (Efesios 2:10). Con nuestras vidas y con nuestros recursos podemos llevar alegría y provisión a otras personas. Lo que nos traerá verdadero gozo y satisfacción en la vida será la obediencia al Padre, hacer lo que le agrada a él.

3. Es necio enfocarse en acumular bienes materiales

Lucas 12:20

La realidad es que somos seres mortales y podemos morir en cualquier momento. ¿Por qué afanarnos en acumular riquezas hoy para disfrutar en el futuro si ni siquiera sabemos si estaremos vivos en el próximo minuto? Tal como dijo Jesús, ¡eso es una necedad! Es necio guardar y guardar sin tomar tiempo para preguntarle a Dios qué desea que hagamos con las cosas que él mismo nos provee.

Jesús no menciona la edad del hombre en la parábola, pero parece que llevaba años trabajando la tierra. ¡Estaba feliz de poder ver una gran cosecha! Pero en lugar de dar gracias a Dios o buscar la forma de compartir su abundancia con otras personas, él se enfocó en sí mismo. Ya tenía más que suficiente y podía haber pensado en otros. Pero él decidió quedarse con todo, construir graneros más grandes. Tristemente, queda claro que no disfrutaría de esas ganancias ya que Dios le avisó que moriría esa misma noche.

Aprendamos de esta parábola, no nos dediquemos a acumular. Más bien, agradezcamos a Dios por su fiel provisión y busquemos su dirección para saber cómo usar los recursos que él nos concede. Ahí está la base de la buena administración financiera.

4. Debemos ser ricos delante de Dios

La verdadera riqueza es tener a Dios en el corazón y amarle con todo nuestro ser. Lo material no tiene nada malo en sí pues cuando Dios provee, él tiene un propósito en mente. Lo que sí está mal es ignorar lo que Dios desea que hagamos con lo que nos da, aferrándonos a las riquezas y convirtiéndolas en nuestro ídolo. No debemos apegarnos a lo material sin tener en cuenta que lo eterno, lo que permanecerá por siempre, es lo espiritual.

Ocupémonos de nuestra alma, llenemos nuestra vida de la presencia de Dios y busquemos glorificarle en todo. Usemos los recursos que él nos da para extender su Reino. Nuestra vida terrenal terminará, pero nuestra alma vivirá con Dios o pasará a la muerte sin él por la eternidad. La decisión la debemos tomar mientras estamos aquí en la tierra. Invirtamos en lo que cuenta de verdad.

Lucas 12:43

2. Tesoros en el cielo

No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
-- Mateo 6:19-21

Lo que nos enseña sobre el dinero

1. Lo terrenal es pasajero

Podemos perder lo material en cualquier momento. ¡Son tantas las cosas que pueden suceder! Un terremoto, inundaciones, la caída de la economía mundial... No tenemos control real sobre lo que podría arrebatar nuestras posesiones sin aviso. Por más que cuidemos o protejamos nuestra ropa, nuestros hogares y todo lo que tenemos, con el pasar del tiempo se dañarán o depreciarán su valor.

¡Grande será nuestra desilusión si ponemos nuestra esperanza en lo terrenal! Todo lo que vemos con los ojos físicos es efímero, pasajero. ¿Por qué esforzarnos tanto en acumular cosas terrenales? Es más sabio usar e invertir nuestros recursos en lo que realmente permanecerá: lo espiritual.

2. Lo celestial permanecerá

Los tesoros que acumulemos en el cielo son los que permanecerán por la eternidad. ¿Cómo acumulamos esos tesoros? Primero, con contentamiento. Nuestro corazón necesita estar en paz con la provisión y dirección de Dios, estar feliz y satisfecho con su voluntad en cada área de la vida. Un corazón contento alaba y agradece a Dios en medio de cualquier circunstancia.

Luego, debemos ser muy sabios al usar todo lo que Dios nos da. Nuestra motivación principal debe ser extender su Reino y su amor a nuestro alrededor. Logramos esto, por ejemplo, cuando alimentamos a los que tienen hambre o cuando compramos uniformes o libros para ayudar a niños que, de otra forma, no tendrían lo necesario para ir a la escuela.

Todo lo que hacemos con amor en el nombre de Jesús trae beneficio espiritual eterno a nuestras vidas, a nuestro entorno y contribuye a la extensión de su Reino. Necesitamos experimentar un cambio de perspectiva, ver el potencial eterno de nuestros recursos financieros. Por eso debemos fijar nuestros ojos en Jesús y permitirle que nos guíe en su voluntad.

3. Debemos elegir

Mateo 6:21

Cada uno necesita elegir quién o qué ocupará el trono de su corazón para darle su lealtad. Si consideramos a las riquezas como nuestro mayor tesoro, nuestros esfuerzos mayores en la vida los dedicaremos a tener más cosas y disfrutarlas al máximo. Por otro lado, si valoramos más nuestra relación con Dios y buscamos tener tesoros en el cielo, nuestras fuerzas y nuestros recursos se volcarán para hacer todo lo que nos acerque más a Dios, a su voluntad y a sus propósitos.

No está mal tener posesiones, pero no debemos poner nuestra esperanza en ellas. El trono de nuestro corazón debe ocuparlo solo Dios, nuestro anhelo debe ser hacer su voluntad en todo, usando todo lo que tenemos para su gloria. La Biblia no prohíbe las riquezas, pero sí da instrucciones específicas a los que las tienen.

A los ricos de este mundo, mándales que no sean arrogantes ni pongan su esperanza en las riquezas, que son tan inseguras, sino en Dios, que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos.
-- 1 Timoteo 6:17

Nuestra esperanza debe estar puesta solo en Jesús, nuestro Señor y Salvador. Demos gracias a Dios cada día por su provisión y usemos todo lo que él nos provee para honrarle y glorificarle.

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