¿Qué significa ser ateo?


El ateo niega la existencia de cualquier dios, rechaza la religión y no cree en lo espiritual. Muchos ateos señalan que no hay suficiente evidencia para probar la existencia de Dios o la de todo lo relacionado con el ámbito espiritual, así que simplemente lo rechazan.

La Biblia dice que Dios existe y que se revela a nosotros constantemente de diversas formas. Por ejemplo, a través de la naturaleza, que es en cierto sentido la forma más a la vista de todos (Romanos 1:19-20 y Salmo 19:1-3).

¿Qué creen los ateos?

La raíz etimológica de la palabra ateo se encuentra en el término latín atheus cuyo origen está en el griego atheos formado por el prefijo (sin) y theos (Dios). Se usaba en Grecia para describir aquellos que renegaban de las divinidades que se adoraban en la época. 

El ateísmo afirma la no existencia de Dios. Esto quiere decir que no solo creen que Dios y el ámbito espiritual no existen, sino que afirman la no existencia de seres espirituales.

¿Es una religión?

No. Es una posición filosófica que rechaza todo tipo de religión porque la religión se basa en asuntos espirituales y el ateo no cree en lo espiritual. El ateo rechaza todo lo que está fuera del contexto científico. 

Sin embargo, el ateísmo sí es una creencia. El ateo elige creer que Dios y todo lo que tiene que ver con el área espiritual no existen. Basa sus acciones y su vida en la idea de que solo existe lo material, aquello que es demostrable por métodos científicos.

Esto no quiere decir que los ateos no tienen o no necesitan tener fe. Todos tenemos fe y escogemos qué o quién será el objeto de ella. Los cristianos ponemos nuestra fe en Dios. Vemos las promesas que ha cumplido a través de la historia y las obras que él ha hecho. Sentimos su amor y su presencia y nuestra fe se refuerza. Los ateos ponen su fe en la ciencia y creen que pueden obtener todas las respuestas a través de ella.

¿En qué se diferencian de los agnósticos?

El ateo afirma que Dios no existe. No cree en lo espiritual o lo sobrenatural. Se basa expresamente en lo que se puede probar por medio de la ciencia y de lo físico.

El agnóstico reconoce que no sabe si Dios y todo lo que se encuentra en el ámbito espiritual existen. También piensa que nuestro cerebro no es capaz de entender o comprobar en su totalidad a Dios, a los seres espirituales y su existencia.

Lee más sobre lo que significa ser agnóstico.

¿Hay diferentes tipos de ateos?

Sí. Aunque normalmente se usa el término ateo para referirse a todos los que niegan la existencia de Dios y de lo espiritual, en los últimos años se han hecho algunos estudios que clasifican a los ateos en varias categorías. Estas son:

Los antiteístas: se oponen diametralmente a la religión. Suelen ser los más agresivos, usan términos categóricos para referirse a todo lo que tiene que ver con lo espiritual o lo religioso. Ven la religión como dañina.

Los ateos activistas: no solo no creen en Dios sino que quieren dejar claras sus razones y hablan sobre por qué los demás deben dejar de creer. Debaten y expresan sus opiniones constantemente, desean convencer a los demás de su error.

Los ateos intelectuales: abordan su ateísmo desde el punto de vista intelectual. Estimulan su intelecto con regularidad y debaten sobre las razones para su elección.

Los ateos buscadores: abrazan la incertidumbre, no tienen una posición firme. Creen que el conocimiento humano tiene límites y no alcanza al conocimiento divino.

Los no teístas: ni les interesa ni les preocupa para nada la religión. 

Los ateos rituales: solo creen en lo material y no les interesa lo religioso. Pero participan de ritos religiosos, ceremonias o actividades que tienen que ver con lo espiritual porque consideran que son positivas para alcanzar la felicidad.

¿Podemos saber que Dios existe?

Sí. Dios se nos revela constantemente de diversas formas y podemos tener la certeza de que él existe. Somos nosotros los que debemos decidir si creemos en él y lo aceptamos o si lo ignoramos. Algunas de las formas en las que Dios se nos revela son la naturaleza, la Biblia, Jesús, otras personas, las circunstancias, y con el susurro de su voz suave en nuestros corazones. Veamos tres de estas.

La naturaleza:

Solo con mirar a nuestro alrededor y ver el orden, la belleza y la inmensidad de la naturaleza que nos rodea debería bastarnos para reconocer que no es posible que todo surgiera al azar o por el choque de partículas. Hay un Salmo que expresa esto.

Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos.
(Salmo 19:1)

Otra parte de la Biblia habla sobre el testimonio de Dios percibido a través de la naturaleza y de su provisión constante a nuestras vidas.

Sin embargo, no ha dejado de dar testimonio de sí mismo haciendo el bien, dándoles lluvias del cielo y estaciones fructíferas, proporcionándoles comida y alegría de corazón.
(Hechos 14:17)

La bondad de Dios se refleja en la belleza natural que nos rodea y en todo lo que nos proporciona alegría y satisfacción.

La Biblia:

La Biblia es la palabra de Dios que nos revela el corazón del Padre y su voluntad para cada uno de nosotros. Contrario a lo que se piensa, la Biblia no es un libro obsoleto e irrelevante. Leyendo sus páginas podemos aprender sobre casi todos los aspectos más importantes de nuestra vida y, no solo eso, puede transformar nuestros corazones y nuestras vidas.

Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón.
(Hebreos 4:12)

Jesús: 

Es en Jesús en quien tenemos la mayor revelación de Dios para la humanidad. Jesús es Dios encarnado que vino al mundo para que a través de su sacrificio podamos recibir la salvación y el perdón de nuestros pecados. 

A Dios nadie lo ha visto nunca; el Hijo unigénito, que es Dios y que vive en unión íntima con el Padre, nos lo ha dado a conocer.
(Juan 1:18)

Al leer y estudiar la vida de Jesús podemos descubrir las características de Dios y aprender sobre su gran amor para todos y cada uno de nosotros.

¿Se oponen la fe y la ciencia?

No, más bien se complementan. En la epístola a los Romanos leemos lo siguiente:

Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa. A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón.
(Romanos 1:20-21)

La ciencia es el conjunto de conocimientos que obtenemos a través de la razón y la observación que nos lleva a deducir principios y leyes generales capaces de predecirse y de comprobarse de forma experimental. Esos versículos de Romanos nos animan a examinar la creación y estudiarla porque Dios se revela a la humanidad a través de ella. Quiere decir que mientras más examinamos y conocemos detalles sobre la creación y el mundo que nos rodea, más claro vemos y entendemos las cualidades de Dios.

Otro ejemplo. Cuando un experto en la ley le tendió una trampa a Jesús con la pregunta, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley? (Mateo 22:34-40), Jesús le respondió: 

"Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente”. Este es el primero y el más importante de los mandamientos.
(Mateo 22:37-38)

No solo debemos amar a Dios con todas nuestras emociones (corazón) o con todo nuestro espíritu (ser) sino que también debemos usar nuestra mente, nuestro intelecto, nuestra capacidad de pensar. Dios no quiere que le sigamos como robots. Todo lo contrario. Él quiere que todo nuestro ser esté envuelto en nuestra adoración a él. Y quiere que elijamos seguirle y servirle. Esto requiere una decisión intelectual y racional. 

¿Hay científicos cristianos?

Sí, muchos. De hecho, es de gran satisfacción poder estudiar el diseño detallado y preciso de todo lo que nos rodea con el uso de la ciencia.

Algunos de los científicos famosos que hablaron abiertamente sobre su fe son Nicolás Copérnico, René Descartes, Isaac Newton, y más recientemente, Francis Collins, científico genetista investigador del genoma humano.