Salmo 5 explicado: oración pidiendo protección de los malos


Este es un Salmo de David. Fue escrito como una oración de lamento para recitar o cantar durante la mañana con acompañamiento de flauta. El propósito del Salmo es pedir la liberación y la protección de Dios frente a los enemigos.

No queda claro a cuáles enemigos se refería David, pero en su vida hubo un buen número de personas que intentaron hacerle daño. Hubo un tiempo en el que su propio hijo Absalón, conspiró para arrebatarle el reino (2 Samuel 15). Los enemigos sobre los que habla David en este Salmo eran gente corrupta, de palabras engañosas y rebeldes contra Dios (Salmo 5:9-10).

Ruego de David ante el Señor

Atiende, Señor, a mis palabras; toma en cuenta mis gemidos. Escucha mis súplicas, rey mío y Dios mío, porque a ti elevo mi plegaria. Por la mañana, Señor, escuchas mi clamor; por la mañana te presento mis ruegos, y quedo a la espera de tu respuesta. (Salmo 5:1-3)

Atiende, Señor, a mis palabras;
toma en cuenta mis gemidos.
Escucha mis súplicas, rey mío y Dios mío,
porque a ti elevo mi plegaria.
Por la mañana, Señor, escuchas mi clamor;
por la mañana te presento mis ruegos,
y quedo a la espera de tu respuesta.
(Salmo 5:1-3)

David comienza el Salmo invocando a Dios para pedirle que escuche sus ruegos. Él usa tres frases al ir ante el Señor: atiende, toma en cuenta y escucha mis súplicas. Ese énfasis muestra cierto sentido de urgencia y lo apremiante de su petición. Al invocar a Dios de forma persistente, David da muestras de su fe y su seguridad de que Dios respondería a su clamor.

La situación con sus enemigos le agobiaba un poco, sin embargo, él no deseaba actuar por su propia cuenta. Quería experimentar la intervención poderosa de Dios en medio de sus circunstancias. Clamó a Dios llamándole «rey mío y Dios mío». David tenía una relación personal con Dios, conocía su poder y su amor y esa es la razón por la que confiaba plenamente en él.

Temprano en la mañana, al comenzar el día, David iba ante el Señor para presentarle sus peticiones. Sin embargo, él no lo dejaba ahí. Se quedaba a la espera de la respuesta del Señor. Él tenía la certeza de que Dios lo escuchaba y le respondería. La esperanza firme de David estaba en Dios. Él sabía que Dios obraría, por eso esperaba alerta su intervención. Dios se movería, no lo defraudaría.

Dios aborrece la maldad

Tú no eres un Dios que se complazca en lo malo;
a tu lado no tienen cabida los malvados.
No hay lugar en tu presencia para los altivos,
pues aborreces a todos los malhechores.
Tú destruyes a los mentirosos
y aborreces a los tramposos y asesinos.
(Salmo 5:4-6)

David describe las personas en las que Dios no se complace, aquellos a los que él aborrece. Son los malvados, altivos, malhechores, mentirosos, tramposos y asesinos. No hay lugar en la presencia de Dios para ellos porque el pecado va contra su naturaleza. Dios es santo, es justo, es amor, es puro y no tolera el pecado.

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Sin embargo, sabemos que aunque Dios aborrece el pecado, él ama a las personas. Dios da oportunidades para el arrepentimiento. Tristemente, hay personas que endurecen su corazón, rechazan a Dios y dedican su vida a la maldad. Ellos tendrán como fin la destrucción, la muerte física y espiritual. La paga del pecado es muerte (Romanos 6:23). Los enemigos a los que se refiere David eran así: gente endurecida contra Dios.

El amor de Dios marca la diferencia

Pero yo, por tu gran amor
puedo entrar en tu casa;
puedo postrarme reverente
hacia tu santo templo.
Señor, por causa de mis enemigos,
dirígeme en tu justicia;
empareja delante de mí tu senda.
(Salmo 5:7-8)

Con la frase «pero yo», David se distancia de la actitud de los malvados. Sin embargo, él admite que si fuera por sus propios méritos, no merecería presentarse ante el Señor. ¡El amor de Dios marcaba la diferencia! Gracias al amor del Señor, David tenía acceso al templo para postrarse con reverencia ante Dios.

En los tiempos de David, el templo era en realidad el tabernáculo. Solo el sumo sacerdote tenía acceso al lugar santísimo, no obstante todos podían postrarse en reverencia hacia el templo o mirando al lugar santísimo.

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David sabía que necesitaba el consejo de Dios y confiaba en que Dios seguiría guiando su vida. Él anhelaba andar en la justicia del Señor sin apartarse jamás de sus caminos. No quería dejarse enredar por sus enemigos ni dejarse llevar por sus emociones. Necesitaba la ayuda de Dios para permanecer firme en la senda recta y agradable al Señor.

David pide el castigo de sus enemigos

En sus palabras no hay sinceridad;
en su interior solo hay corrupción.
Su garganta es un sepulcro abierto;
con su lengua profieren engaños.
¡Condénalos, oh Dios!
¡Que caigan por sus propias intrigas!
¡Recházalos por la multitud de sus crímenes,
porque se han rebelado contra ti!
(Salmo 5:9-10)

Esta parte del Salmo pertenece a lo que se conoce como «Salmos imprecatorios». El salmista impreca o expresa con palabras el deseo de que sus enemigos sean castigados y reciban lo que se merecen por el daño causado. En estos versículos en específico, David le pide a Dios que condene y rechace a sus enemigos por la rebeldía de ellos hacia Dios.

David quería que los malvados fueran castigados, no por el daño que le habían causado a él, sino por la actitud que ellos tenían hacia Dios. Esa parecía ser la base de su maldad y debían ser condenados. La impresión que dan los versículos sobre el comportamiento de esas personas es bastante amplia. Eran gente mentirosa, corrupta, llena de engaños e intrigas, criminales. Hablaban y actuaban de forma reprochable.

La bendición de los que se refugian en Dios

Pero que se alegren todos los que en ti buscan refugio;
¡que canten siempre jubilosos!
Extiéndeles tu protección, y que en ti se regocijen
todos los que aman tu nombre.
Porque tú, Señor, bendices a los justos;
cual escudo los rodeas con tu buena voluntad.
(Salmo 5:11-12)

En esta última sección del Salmo encontramos a los que, como David, se refugian en Dios. Ellos pueden alegrarse y cantar llenos de júbilo. La presencia de Dios en el corazón del hombre trae gozo. ¡Refugiarse en el Señor es la mejor elección! Vivir con el Señor, enfocados y confiados en él, trae bendición y protección.

El justo, el que vive conforme a la voluntad de Dios, puede alegrarse en todo momento. Su gozo y la protección de su vida no vienen de las circunstancias o de las personas que le rodean. ¡Vienen del Señor todopoderoso! Puede haber gente malvada a su alrededor o pueden estar sucediendo cosas desagradables, pero el que se refugia en Dios permanece firme, confiado, seguro de que Dios nunca le fallará.

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