101 Salmos poderosos


Textos bíblicos poderosos tomados del libro de los Salmos. Son pasajes que pueden servir de inspiración para exaltar, alabar y adorar a Dios por su amor, su grandeza y su poder o para pasar un tiempo de oración delante del Señor.

Salmos poderosos de protección

El que habita al abrigo del Altísimo
se acoge a la sombra del Todopoderoso.
Yo le digo al Señor: «Tú eres mi refugio,
mi fortaleza, el Dios en quien confío».
Solo él puede librarte de las trampas del cazador
y de mortíferas plagas,
pues te cubrirá con sus plumas
y bajo sus alas hallarás refugio.
¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte!
(Salmo 91:1-4)

A las montañas levanto mis ojos;
¿de dónde ha de venir mi ayuda?
Mi ayuda proviene del Señor,
creador del cielo y de la tierra.
No permitirá que tu pie resbale;
jamás duerme el que te cuida.
Jamás duerme ni se adormece
el que cuida de Israel.
El Señor es quien te cuida,
el Señor es tu sombra protectora.
De día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
El Señor te protegerá;
de todo mal protegerá tu vida.
El Señor te cuidará en el hogar y en el camino,
desde ahora y para siempre.
(Salmo 121)

Mi escudo está en Dios,
que salva a los de corazón recto.
(Salmo 7:10)

Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios,
la santa habitación del Altísimo.
Dios está en ella, la ciudad no caerá;
al rayar el alba Dios le brindará su ayuda.
Se agitan las naciones, se tambalean los reinos;
Dios deja oír su voz, y la tierra se derrumba.
El Señor Todopoderoso está con nosotros;
nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah
(Salmo 46:4-7)

El Señor es mi luz y mi salvación;
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida;
¿quién podrá amedrentarme?
Cuando los malvados avanzan contra mí
para devorar mis carnes,
cuando mis enemigos y adversarios me atacan,
son ellos los que tropiezan y caen.
(Salmo 27:1-2)

Porque en el día de la aflicción
él me resguardará en su morada;
al amparo de su tabernáculo me protegerá,
y me pondrá en alto, sobre una roca.
Me hará prevalecer
frente a los enemigos que me rodean;
en su templo ofreceré sacrificios de alabanza
y cantaré salmos al Señor.
(Salmo 27:5-6)

Protege mi vida, rescátame;
no permitas que sea avergonzado,
porque en ti busco refugio.
Sean mi protección la integridad y la rectitud,
porque en ti he puesto mi esperanza.
(Salmo 25:20-21)

En ti, Señor, busco refugio;
jamás permitas que me avergüencen;
en tu justicia, líbrame.
Inclina a mí tu oído,
y acude pronto a socorrerme.
Sé tú mi roca protectora,
la fortaleza de mi salvación.
Guíame, pues eres mi roca y mi fortaleza,
dirígeme por amor a tu nombre.
Líbrame de la trampa que me han tendido,
porque tú eres mi refugio.
En tus manos encomiendo mi espíritu;
líbrame, Señor, Dios de la verdad.
(Salmo 31:1-5)

Respóndeme, Señor, por tu bondad y tu amor;
por tu gran compasión, vuélvete a mí.
No escondas tu rostro de este siervo tuyo;
respóndeme pronto, que estoy angustiado.
Ven a mi lado, y rescátame;
redímeme, por causa de mis enemigos.
(Salmo 69:16-18)

Si el Señor no me hubiera brindado su ayuda,
muy pronto me habría quedado en mortal silencio.
No bien decía: «Mis pies resbalan»,
cuando ya tu amor, Señor, venía en mi ayuda.
Cuando en mí la angustia iba en aumento,
tu consuelo llenaba mi alma de alegría.
(Salmo 94:17-19)

Yo amo al Señor
porque él escucha mi voz suplicante.
Por cuanto él inclina a mí su oído,
lo invocaré toda mi vida.
Los lazos de la muerte me enredaron;
me sorprendió la angustia del sepulcro,
y caí en la ansiedad y la aflicción.
Entonces clamé al Señor:
«¡Te ruego, Señor, que me salves la vida!»
El Señor es compasivo y justo;
nuestro Dios es todo ternura.
El Señor protege a la gente sencilla;
estaba yo muy débil, y él me salvó.
(Salmo 116:1-6)

Señor, protégeme del poder de los impíos;
protégeme de los violentos,
de los que piensan hacerme caer.
(Salmo 140:4)

Te exaltaré, Señor, porque me levantaste,
porque no dejaste que mis enemigos se burlaran de mí.
Señor mi Dios, te pedí ayuda
y me sanaste.
Tú, Señor, me sacaste del sepulcro;
me hiciste revivir de entre los muertos.
(Salmo 30:1-3)

¡Vengan y vean las proezas de Dios,
sus obras portentosas en nuestro favor!
Convirtió el mar en tierra seca,
y el pueblo cruzó el río a pie.
¡Regocijémonos en él!
Con su poder gobierna eternamente;
sus ojos vigilan a las naciones.
¡Que no se levanten contra él los rebeldes! Selah
Pueblos todos, bendigan a nuestro Dios,
hagan oír la voz de su alabanza.
Él ha protegido nuestra vida,
ha evitado que resbalen nuestros pies.
(Salmo 66:5-9)

Vengan y vean los portentos del Señor;
él ha traído desolación sobre la tierra.
Ha puesto fin a las guerras
en todos los confines de la tierra;
ha quebrado los arcos, ha destrozado las lanzas,
ha arrojado los carros al fuego.
«Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios.
¡Yo seré exaltado entre las naciones!
¡Yo seré enaltecido en la tierra!»
El Señor Todopoderoso está con nosotros;
nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah
(Salmo 46:8-11)

Renueva tu fe con estos otros Salmos de protección

Salmos poderosos para orar

Ten compasión de mí, oh Dios,
conforme a tu gran amor;
conforme a tu inmensa bondad,
borra mis transgresiones.
Lávame de toda mi maldad
y límpiame de mi pecado.
Yo reconozco mis transgresiones;
siempre tengo presente mi pecado.
Contra ti he pecado, solo contra ti,
y he hecho lo que es malo ante tus ojos;
por eso, tu sentencia es justa,
y tu juicio, irreprochable.
Yo sé que soy malo de nacimiento;
pecador me concibió mi madre.
Yo sé que tú amas la verdad en lo íntimo;
en lo secreto me has enseñado sabiduría.
Purifícame con hisopo, y quedaré limpio;
lávame, y quedaré más blanco que la nieve.
Anúnciame gozo y alegría;
infunde gozo en estos huesos que has quebrantado.
Aparta tu rostro de mis pecados
y borra toda mi maldad.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me alejes de tu presencia
ni me quites tu santo Espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación;
que un espíritu obediente me sostenga.
(Salmo 51:1-12)

Atiende, Señor, a mis palabras;
toma en cuenta mis gemidos.
Escucha mis súplicas, rey mío y Dios mío,
porque a ti elevo mi plegaria.
Por la mañana, Señor, escuchas mi clamor;
por la mañana te presento mis ruegos,
y quedo a la espera de tu respuesta.
(Salmo 5:1-3)

Pero yo clamaré a Dios,
y el Señor me salvará.
Mañana, tarde y noche
clamo angustiado, y él me escucha.
Aunque son muchos los que me combaten,
él me rescata, me salva la vida
en la batalla que se libra contra mí.
(Salmo 55:16-18)

En mi angustia invoqué al Señor;
clamé a mi Dios,
y él me escuchó desde su templo;
¡mi clamor llegó a sus oídos!
(Salmo 18:6)

Responde a mi clamor,
Dios mío y defensor mío.
Dame alivio cuando esté angustiado,
apiádate de mí y escucha mi oración.
(Salmo 4:1)

Muchos son los que dicen:
«¿Quién puede mostrarnos algún bien?»
¡Haz, Señor, que sobre nosotros
brille la luz de tu rostro!
(Salmo 4:6)

Ten compasión de mí, oh Dios,
pues hay gente que me persigue.
Todo el día me atacan mis opresores,
todo el día me persiguen mis adversarios;
son muchos los arrogantes que me atacan.
Cuando siento miedo,
pongo en ti mi confianza.
Confío en Dios y alabo su palabra;
confío en Dios y no siento miedo.
¿Qué puede hacerme un simple mortal?
(Salmo 56:1-4)

A ti clamo, Señor; ven pronto a mí.
¡Atiende a mi voz cuando a ti clamo!
Que suba a tu presencia mi plegaria
como una ofrenda de incienso;
que hacia ti se eleven mis manos
como un sacrificio vespertino.
(Salmo 141:1-2)

Enséñame, Señor, a seguir tus decretos,
y los cumpliré hasta el fin.
Dame entendimiento para seguir tu ley,
y la cumpliré de todo corazón.
Dirígeme por la senda de tus mandamientos,
porque en ella encuentro mi solaz.
Inclina mi corazón hacia tus estatutos
y no hacia las ganancias desmedidas.
Aparta mi vista de cosas vanas,
dame vida conforme a tu palabra.
Confirma tu promesa a este siervo,
como lo has hecho con los que te temen.
Líbrame del oprobio que me aterra,
porque tus juicios son buenos.
¡Yo amo tus preceptos!
¡Dame vida conforme a tu justicia!
(Salmo 119:33-40)

Señor, tú has sido nuestro refugio
generación tras generación.
Desde antes que nacieran los montes
y que crearas la tierra y el mundo,
desde los tiempos antiguos
y hasta los tiempos postreros,
tú eres Dios.
(Salmo 90:1-2)

Enséñanos a contar bien nuestros días,
para que nuestro corazón adquiera sabiduría.
¿Cuándo, Señor, te volverás hacia nosotros?
¡Compadécete ya de tus siervos!
Sácianos de tu amor por la mañana,
y toda nuestra vida cantaremos de alegría.
(Salmo 90:12-14)

Que el favor del Señor nuestro Dios
esté sobre nosotros.
Confirma en nosotros la obra de nuestras manos;
sí, confirma la obra de nuestras manos.
(Salmo 90:17)

El Señor afirma los pasos del hombre
cuando le agrada su modo de vivir;
podrá tropezar, pero no caerá,
porque el Señor lo sostiene de la mano.
He sido joven y ahora soy viejo,
pero nunca he visto justos en la miseria,
ni que sus hijos mendiguen pan.
Prestan siempre con generosidad;
sus hijos son una bendición.
Apártate del mal y haz el bien,
y siempre tendrás dónde vivir.
Porque el Señor ama la justicia
y no abandona a quienes le son fieles.
El Señor los protegerá para siempre,
pero acabará con la descendencia de los malvados.
(Salmo 37:23-28)

Yo amo al Señor
porque él escucha mi voz suplicante.
Por cuanto él inclina a mí su oído,
lo invocaré toda mi vida.
(Salmo 116:1-2)

Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella,
el mundo y cuantos lo habitan;
porque él la afirmó sobre los mares,
la estableció sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en su lugar santo?
Solo el de manos limpias y corazón puro,
el que no adora ídolos vanos
ni jura por dioses falsos.
Quien es así recibe bendiciones del Señor;
Dios su Salvador le hará justicia.
Tal es la generación de los que a ti acuden,
de los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. Selah
(Salmo 24:1-6)

¿Quién está consciente de sus propios errores?
¡Perdóname aquellos de los que no estoy consciente!
Libra, además, a tu siervo de pecar a sabiendas;
no permitas que tales pecados me dominen.
Así estaré libre de culpa
y de multiplicar mis pecados.
Sean, pues, aceptables ante ti
mis palabras y mis pensamientos,
oh Señor, roca mía y redentor mío.
(Salmo 19:12-14)

Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón;
ponme a prueba y sondea mis pensamientos.
Fíjate si voy por mal camino,
y guíame por el camino eterno.
(Salmo 139:23-24)

Señor, hazme conocer tus caminos;
muéstrame tus sendas.
Encamíname en tu verdad, ¡enséñame!
Tú eres mi Dios y Salvador;
¡en ti pongo mi esperanza todo el día!
Acuérdate, Señor, de tu ternura y gran amor,
que siempre me has mostrado;
olvida los pecados y transgresiones
que cometí en mi juventud.
Acuérdate de mí según tu gran amor,
porque tú, Señor, eres bueno.
(Salmo 25:4-7)

Crecen las angustias de mi corazón;
líbrame de mis tribulaciones.
Fíjate en mi aflicción y en mis penurias,
y borra todos mis pecados.
(Salmo 25:17-18)

A ti clamo, Señor, roca mía;
no te desentiendas de mí,
porque, si guardas silencio,
ya puedo contarme entre los muertos.
Oye mi voz suplicante
cuando a ti acudo en busca de ayuda,
cuando tiendo los brazos hacia tu lugar santísimo.
(Salmo 28:1-2)

Oh Señor, líbrame de los impíos;
protégeme de los violentos,
de los que urden en su corazón planes malvados
y todos los días fomentan la guerra.
(Salmo 140:1-2)

Que llegue mi clamor a tu presencia;
dame entendimiento, Señor, conforme a tu palabra.
Que llegue a tu presencia mi súplica;
líbrame, conforme a tu promesa.
Que rebosen mis labios de alabanza,
porque tú me enseñas tus decretos.
Que entone mi lengua un cántico a tu palabra,
pues todos tus mandamientos son justos.
Que acuda tu mano en mi ayuda,
porque he escogido tus preceptos.
Yo, Señor, ansío tu salvación.
Tu ley es mi regocijo.
Déjame vivir para alabarte;
que vengan tus juicios a ayudarme.
Cual oveja perdida me he extraviado;
ven en busca de tu siervo,
porque no he olvidado tus mandamientos.
(Salmo 119:169-176)

Oye mi oración, Señor Dios Todopoderoso;
escúchame, Dios de Jacob. Selah
Oh Dios, escudo nuestro,
pon sobre tu ungido tus ojos bondadosos.
Vale más pasar un día en tus atrios
que mil fuera de ellos;
prefiero cuidar la entrada de la casa de mi Dios
que habitar entre los impíos.
El Señor es sol y escudo;
Dios nos concede honor y gloria.
El Señor brinda generosamente su bondad
a los que se conducen sin tacha.
Señor Todopoderoso,
¡dichosos los que en ti confían!
(Salmo 84:8-12)

Señor, ¡danos la salvación!
Señor, ¡concédenos la victoria!
(Salmo 118:25)

No me reprendas, Señor, en tu ira;
no me castigues en tu furor.
Tenme compasión, Señor, porque desfallezco;
sáname, Señor, que un frío de muerte recorre mis huesos.
Angustiada está mi alma;
¿hasta cuándo, Señor, hasta cuándo?
Vuélvete, Señor, y sálvame la vida;
por tu gran amor, ¡ponme a salvo!
(Salmo 6:1-4)

Señor, mi Dios, ¡ayúdame!;
por tu gran amor, ¡sálvame!
Que sepan que esta es tu mano;
que tú mismo, Señor, lo has hecho.
¿Qué importa que ellos me maldigan?
¡Bendíceme tú!
Pueden atacarme, pero quedarán avergonzados;
en cambio, este siervo tuyo se alegrará.
(Salmo 109:26-28)

Señor, líbrame de mis enemigos,
porque en ti busco refugio.
Enséñame a hacer tu voluntad,
porque tú eres mi Dios.
Que tu buen Espíritu me guíe
por un terreno sin obstáculos.
(Salmo 143:9-10)

Versículos para orar: oraciones en la Biblia

Salmos para la hora de dormir

Yo me acuesto, me duermo y vuelvo a despertar,
porque el Señor me sostiene.
(Salmo 3:5)

En paz me acuesto y me duermo,
porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado.
(Salmo 4:8)

Solo en Dios halla descanso mi alma;
de él viene mi salvación.
(Salmo 62:1)

Solo en Dios halla descanso mi alma;
de él viene mi esperanza.
(Salmo 62:5)

Bendeciré al Señor, que me aconseja;
aun de noche me reprende mi conciencia.
Siempre tengo presente al Señor;
con él a mi derecha, nada me hará caer.
(Salmo 16:7-8)

En mi lecho me acuerdo de ti;
pienso en ti toda la noche.
A la sombra de tus alas cantaré,
porque tú eres mi ayuda.
Mi alma se aferra a ti;
tu mano derecha me sostiene.
(Salmo 63:6-8)

Esta es la oración al Dios de mi vida:
que de día el Señor mande su amor,
y de noche su canto me acompañe.
(Salmo 42:8)

¡Ya puedes, alma mía, estar tranquila,
que el Señor ha sido bueno contigo!
(Salmo 116:7)

El Señor es quien te cuida,
el Señor es tu sombra protectora.
De día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
(Salmo 121:5-6)

Si el Señor no edifica la casa,
en vano se esfuerzan los albañiles.
Si el Señor no cuida la ciudad,
en vano hacen guardia los vigilantes.
En vano madrugan ustedes,
y se acuestan muy tarde,
para comer un pan de fatigas,
porque Dios concede el sueño a sus amados.
(Salmo 127:1-2)

El Señor es compasivo y justo;
nuestro Dios es todo ternura.
El Señor protege a la gente sencilla;
estaba yo muy débil, y él me salvó.
¡Ya puedes, alma mía, estar tranquila,
que el Señor ha sido bueno contigo!
(Salmo 116:5-7)

No temerás el terror de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que acecha en las sombras
ni la plaga que destruye a mediodía.
Podrán caer mil a tu izquierda,
y diez mil a tu derecha,
pero a ti no te afectará.
No tendrás más que abrir bien los ojos,
para ver a los impíos recibir su merecido.
Ya que has puesto al Señor por tu refugio,
al Altísimo por tu protección,
ningún mal habrá de sobrevenirte,
ninguna calamidad llegará a tu hogar.
Porque él ordenará que sus ángeles
te cuiden en todos tus caminos.
Con sus propias manos te levantarán
para que no tropieces con piedra alguna.
Aplastarás al león y a la víbora;
¡hollarás fieras y serpientes!
«Yo lo libraré, porque él se acoge a mí;
lo protegeré, porque reconoce mi nombre.
Él me invocará, y yo le responderé;
estaré con él en momentos de angustia;
lo libraré y lo llenaré de honores.
Lo colmaré con muchos años de vida
y le haré gozar de mi salvación».
(Salmo 91:5-16)

Versículos de buenas noches

Salmos de alabanza y adoración

Vengan, cantemos con júbilo al Señor; aclamemos a la roca de nuestra salvación.
Lleguemos ante él con acción de gracias, aclamémoslo con cánticos.
Porque el Señor es el gran Dios, el gran Rey sobre todos los dioses.
En sus manos están los abismos de la tierra; suyas son las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo; con sus manos formó la tierra firme.

Vengan, postrémonos reverentes, doblemos la rodilla
ante el Señor nuestro Hacedor.
Porque él es nuestro Dios y nosotros somos el pueblo de su prado;
¡somos un rebaño bajo su cuidado!
(Salmo 95:1-7)

Señor, quiero alabarte de todo corazón,
y cantarte salmos delante de los dioses.
Quiero inclinarme hacia tu santo templo
y alabar tu nombre por tu gran amor y fidelidad.
Porque has exaltado tu nombre y tu palabra
por sobre todas las cosas.
Cuando te llamé, me respondiste;
me infundiste ánimo y renovaste mis fuerzas.
(Salmo 138:1-3)

Cual ciervo jadeante en busca del agua,
así te busca, oh Dios, todo mi ser.
Tengo sed de Dios, del Dios de la vida.
¿Cuándo podré presentarme ante Dios?
(Salmo 42:1-2)

¡Alaben al Señor, naciones todas!
¡Pueblos todos, cántenle alabanzas!
¡Grande es su amor por nosotros!
¡La fidelidad del Señor es eterna!
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!
(Salmo 117)

Te exaltaré, mi Dios y Rey;
por siempre bendeciré tu nombre.
Todos los días te bendeciré;
por siempre alabaré tu nombre.
Grande es el Señor, y digno de toda alabanza;
su grandeza es insondable.
Cada generación celebrará tus obras
y proclamará tus proezas.
Se hablará del esplendor de tu gloria y majestad,
y yo meditaré en tus obras maravillosas.
Se hablará del poder de tus portentos,
y yo anunciaré la grandeza de tus obras.
Se proclamará la memoria de tu inmensa bondad,
y se cantará con júbilo tu victoria.
El Señor es clemente y compasivo,
lento para la ira y grande en amor.
El Señor es bueno con todos;
él se compadece de toda su creación.
Que te alaben, Señor, todas tus obras;
que te bendigan tus fieles.
(Salmo 145:1-10)

¡Prorrumpa mi boca en alabanzas al Señor!
¡Alabe todo el mundo su santo nombre,
por siempre y para siempre!
(Salmo 145:21)

¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!
Alaben a Dios en su santuario,
alábenlo en su poderoso firmamento.
Alábenlo por sus proezas,
alábenlo por su inmensa grandeza.
Alábenlo con sonido de trompeta,
alábenlo con el arpa y la lira.
Alábenlo con panderos y danzas,
alábenlo con cuerdas y flautas.
Alábenlo con címbalos sonoros,
alábenlo con címbalos resonantes.
¡Que todo lo que respira alabe al Señor!
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!
(Salmo 150)

Tributen al Señor, seres celestiales,
tributen al Señor la gloria y el poder.
Tributen al Señor la gloria que merece su nombre;
póstrense ante el Señor en su santuario majestuoso.
(Salmo 29:1-2)

Sirvan al Señor con temor;
con temblor ríndanle alabanza.
(Salmo 2:11)

Oh Dios, tú eres mi Dios;
yo te busco intensamente.
Mi alma tiene sed de ti;
todo mi ser te anhela,
cual tierra seca, extenuada y sedienta.
Te he visto en el santuario
y he contemplado tu poder y tu gloria.
Tu amor es mejor que la vida;
por eso mis labios te alabarán.
Te bendeciré mientras viva,
y alzando mis manos te invocaré.
Mi alma quedará satisfecha
como de un suculento banquete,
y con labios jubilosos
te alabará mi boca.
(Salmo 63:1-5)

No hay, Señor, entre los dioses otro como tú,
ni hay obras semejantes a las tuyas.
Todas las naciones que has creado
vendrán, Señor, y ante ti se postrarán
y glorificarán tu nombre.
Porque tú eres grande y haces maravillas;
¡solo tú eres Dios!
(Salmo 86:8-10)

Señor mi Dios, con todo el corazón te alabaré,
y por siempre glorificaré tu nombre.
(Salmo 86:12)

Canten a Dios, canten salmos a su nombre;
aclamen a quien cabalga por las estepas,
y regocíjense en su presencia.
¡Su nombre es el Señor!
(Salmo 68:4)

Bendito sea el Señor, nuestro Dios y Salvador,
que día tras día sobrelleva nuestras cargas. Selah
(Salmo 68:19)

Oh Señor, Soberano nuestro,
¡qué imponente es tu nombre en toda la tierra!
¡Has puesto tu gloria sobre los cielos!
Por causa de tus adversarios
has hecho que brote la alabanza
de labios de los pequeñitos y de los niños de pecho,
para silenciar al enemigo y al rebelde.
Cuando contemplo tus cielos,
obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que allí fijaste,
me pregunto: «¿Qué es el hombre, para que en él pienses?
¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta?»
(Salmo 8:1-4)

Convertiste mi lamento en danza;
me quitaste la ropa de luto
y me vestiste de fiesta,
para que te cante y te glorifique,
y no me quede callado.
¡Señor mi Dios, siempre te daré gracias!
(Salmo 30:11-12)

¡Aclamen alegres a Dios,
habitantes de toda la tierra!
Canten salmos a su glorioso nombre;
¡ríndanle gloriosas alabanzas!
Díganle a Dios:
«¡Cuán imponentes son tus obras!
Es tan grande tu poder
que tus enemigos mismos se rinden ante ti.
Toda la tierra se postra en tu presencia,
y te cantan salmos;
cantan salmos a tu nombre». Selah
(Salmo 66:1-4)

¡Cuán bueno, Señor, es darte gracias
y entonar, oh Altísimo, salmos a tu nombre;
proclamar tu gran amor por la mañana,
y tu fidelidad por la noche,
al son del decacordio y de la lira;
al son del arpa y del salterio!
Tú, Señor, me llenas de alegría con tus maravillas;
por eso alabaré jubiloso las obras de tus manos.
Oh Señor, ¡cuán imponentes son tus obras,
y cuán profundos tus pensamientos!
(Salmo 92:1-5)

Aclamen alegres al Señor, habitantes de toda la tierra;
adoren al Señor con regocijo.
Preséntense ante él con cánticos de júbilo.
Reconozcan que el Señor es Dios;
él nos hizo, y somos suyos.
Somos su pueblo, ovejas de su prado.
Entren por sus puertas con acción de gracias;
vengan a sus atrios con himnos de alabanza;
denle gracias, alaben su nombre.
Porque el Señor es bueno y su gran amor es eterno;
su fidelidad permanece para siempre.
(Salmo 100)

Alaba, alma mía, al Señor;
alabe todo mi ser su santo nombre.
Alaba, alma mía, al Señor,
y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él perdona todos tus pecados
y sana todas tus dolencias;
él rescata tu vida del sepulcro
y te cubre de amor y compasión;
él colma de bienes tu vida
y te rejuvenece como a las águilas.
(Salmo 103:1-5)

¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!
Den gracias al Señor, porque él es bueno;
su gran amor perdura para siempre.
¿Quién puede proclamar las proezas del Señor,
o expresar toda su alabanza?
(Salmo 106:1-2)

¡Alabaré al Señor por su justicia!
¡Al nombre del Señor altísimo cantaré salmos!
(Salmo 7:17)

¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!
Alaba, alma mía, al Señor.
Alabaré al Señor toda mi vida;
mientras haya aliento en mí, cantaré salmos a mi Dios.
(Salmo 146:1-2)

Los cielos, Señor, celebran tus maravillas,
y tu fidelidad la asamblea de los santos.
¿Quién en los cielos es comparable al Señor?
¿Quién como él entre los seres celestiales?
Dios es muy temido en la asamblea de los santos;
grande y portentoso sobre cuantos lo rodean.
¿Quién como tú, Señor Dios Todopoderoso,
rodeado de poder y de fidelidad?
(Salmo 89:5-8)

Versículos de adoración

Salmos de fe y confianza

El Señor es mi pastor, nada me falta;
en verdes pastos me hace descansar.
Junto a tranquilas aguas me conduce;
me infunde nuevas fuerzas.
Me guía por sendas de justicia
por amor a su nombre.
Aun si voy por valles tenebrosos,
no temo peligro alguno
porque tú estás a mi lado;
tu vara de pastor me reconforta.
Dispones ante mí un banquete
en presencia de mis enemigos.
Has ungido con perfume mi cabeza;
has llenado mi copa a rebosar.
La bondad y el amor me seguirán
todos los días de mi vida;
y en la casa del Señor
habitaré para siempre.
(Salmo 23)

A ti, Señor, elevo mi alma;
mi Dios, en ti confío;
no permitas que sea yo humillado,
no dejes que mis enemigos se burlen de mí.
Quien en ti pone su esperanza
jamás será avergonzado;
pero quedarán en vergüenza
los que traicionan sin razón.
(Salmo 25:1-3)

Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza,
nuestra ayuda segura en momentos de angustia.
Por eso, no temeremos
aunque se desmorone la tierra
y las montañas se hundan en el fondo del mar.
(Salmo 46:1-2)

¿Por qué voy a inquietarme?
¿Por qué me voy a angustiar?
En Dios pondré mi esperanza,
y todavía lo alabaré.
¡Él es mi Salvador y mi Dios!
(Salmo 42:11)

Dios es mi salvación y mi gloria;
es la roca que me fortalece;
¡mi refugio está en Dios!
Confía siempre en él, pueblo mío;
ábrele tu corazón cuando estés ante él.
¡Dios es nuestro refugio! Selah
(Salmo 62:7-8)

Cuando siento miedo,
pongo en ti mi confianza.
Confío en Dios y alabo su palabra;
confío en Dios y no siento miedo.
¿Qué puede hacerme un simple mortal?
(Salmo 56:3-4)

Él es mi Dios amoroso, mi amparo,
mi más alto escondite, mi libertador,
mi escudo, en quien me refugio.
Él es quien pone los pueblos a mis pies.
(Salmo 144:2)

Aun cuando un ejército me asedie,
no temerá mi corazón;
aun cuando una guerra estalle contra mí,
yo mantendré la confianza.
(Salmo 27:3)

Pero de una cosa estoy seguro:
he de ver la bondad del Señor
en esta tierra de los vivientes.
Pon tu esperanza en el Señor;
ten valor, cobra ánimo;
¡pon tu esperanza en el Señor!
(Salmo 27:13-14)

Bendito sea el Señor,
que ha oído mi voz suplicante.
El Señor es mi fuerza y mi escudo;
mi corazón en él confía;
de él recibo ayuda.
Mi corazón salta de alegría,
y con cánticos le daré gracias.
El Señor es la fortaleza de su pueblo,
y un baluarte de salvación para su ungido.
Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad,
y cual pastor guíalos por siempre.
(Salmo 28:6-9)

Busqué al Señor, y él me respondió;
me libró de todos mis temores.
Radiantes están los que a él acuden;
jamás su rostro se cubre de vergüenza.
Este pobre clamó, y el Señor le oyó
y lo libró de todas sus angustias.
El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen;
a su lado está para librarlos.
Prueben y vean que el Señor es bueno;
dichosos los que en él se refugian.
(Salmo 34:4-8)

La maldad destruye a los malvados;
serán condenados los enemigos de los justos.
El Señor libra a sus siervos;
no serán condenados los que en él confían.
(Salmo 34:21-22)

Puse en el Señor toda mi esperanza;
él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.
Me sacó de la fosa de la muerte,
del lodo y del pantano;
puso mis pies sobre una roca,
y me plantó en terreno firme.
Puso en mis labios un cántico nuevo,
un himno de alabanza a nuestro Dios.
Al ver esto, muchos tuvieron miedo
y pusieron su confianza en el Señor.
Dichoso el que pone su confianza en el Señor
y no recurre a los idólatras
ni a los que adoran dioses falsos.
(Salmo 40:1-4)

El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador;
es mi Dios, el peñasco en que me refugio.
Es mi escudo, el poder que me salva,
¡mi más alto escondite!
(Salmo 18:2)

¡Ya puedes, alma mía, estar tranquila,
que el Señor ha sido bueno contigo!
Tú, Señor, me has librado de la muerte,
has enjugado mis lágrimas,
no me has dejado tropezar.
(Salmo 116:7-8)

Aunque pase yo por grandes angustias,
tú me darás vida;
contra el furor de mis enemigos extenderás la mano:
¡tu mano derecha me pondrá a salvo!
El Señor cumplirá en mí su propósito.[a]
Tu gran amor, Señor, perdura para siempre;
¡no abandones la obra de tus manos!
(Salmo 138:7-8)

Tu reino es un reino eterno;
tu dominio permanece por todas las edades.
Fiel es el Señor a su palabra
y bondadoso en todas sus obras.
El Señor levanta a los caídos
y sostiene a los agobiados.
(Salmo 145:13-14)

Pero yo confío en tu gran amor;
mi corazón se alegra en tu salvación.
Canto salmos al Señor.
¡El Señor ha sido bueno conmigo!
(Salmo 13:5-6)

El Señor es refugio de los oprimidos;
es su baluarte en momentos de angustia.
En ti confían los que conocen tu nombre,
porque tú, Señor, jamás abandonas a los que te buscan.
(Salmo 9:9-10)

Confía en el Señor y haz el bien;
establécete en la tierra y mantente fiel.
Deléitate en el Señor,
y él te concederá los deseos de tu corazón.
Encomienda al Señor tu camino;
confía en él, y él actuará.
Hará que tu justicia resplandezca como el alba;
tu justa causa, como el sol de mediodía.
Guarda silencio ante el Señor,
y espera en él con paciencia;
no te irrites ante el éxito de otros,
de los que maquinan planes malvados.
(Salmo 37:3-7)

El Señor reina, revestido de esplendor;
el Señor se ha revestido de grandeza
y ha desplegado su poder.
Ha establecido el mundo con firmeza;
jamás será removido.
Desde el principio se estableció tu trono,
y tú desde siempre has existido.
Se levantan las aguas, Señor;
se levantan las aguas con estruendo;
se levantan las aguas y sus batientes olas.
Pero el Señor, en las alturas, se muestra poderoso:
más poderoso que el estruendo de las muchas aguas,
más poderoso que los embates del mar.
Dignos de confianza son, Señor, tus estatutos;
¡la santidad es para siempre el adorno de tu casa!
(Salmo 93)

Desde mi angustia clamé al Señor,
y él respondió dándome libertad.
El Señor está conmigo, y no tengo miedo;
¿qué me puede hacer un simple mortal?
El Señor está conmigo, él es mi ayuda;
¡ya veré por los suelos a los que me odian!
Es mejor refugiarse en el Señor
que confiar en el hombre.
Es mejor refugiarse en el Señor
que fiarse de los poderosos.
(Salmo 118:5-9)

Encomienda al Señor tus afanes,
y él te sostendrá;
no permitirá que el justo caiga
y quede abatido para siempre.
Tú, oh Dios, abatirás a los impíos
y los arrojarás en la fosa de la muerte;
la gente sanguinaria y mentirosa
no llegará ni a la mitad de su vida.
Yo, por mi parte, en ti confío.
(Salmo 55:22-23)

92 versículos de fe y confianza en Dios

6 Salmos para la salud