Lo que la Biblia dice sobre la sanidad y orar por los enfermos


Nuestro Dios es todopoderoso, es amor y él nos acompaña y nos bendice siempre. Dios nos ha dado el mayor milagro que podremos experimentar jamás: la salvación de nuestras almas. Pero también quiere ayudarnos en medio de nuestras luchas y dificultades diarias. Una de las peticiones que le hacemos con más frecuencia es la de sanidad porque vivimos en cuerpos físicos que padecen enfermedades y dolores.

En la Biblia encontramos muchos ejemplos de sanidad divina. El poder de Dios no cambia, Dios es el mismo ayer, hoy y por siempre (Malaquías 3:6; Hebreos 13:8) y podemos confiar en que todavía él sana. Veamos algunas de las sanidades que menciona la Biblia y fortalezcamos nuestra confianza en el poder sanador de Dios.

Sanidades en el Antiguo Testamento

Ana (1 Samuel 1:1-20)

Ana no podía tener hijos, algo por lo que sufría burlas y tormentos. Un día ella fue al templo y derramó su corazón y sus lágrimas delante de Dios. Le prometió que si él le concedía un hijo, ella se lo entregaría y crecería al servicio de Dios. Dios la escuchó, la sanó de la esterilidad y con el paso del tiempo ella dio a luz a un niño, Samuel, quien llegó a ser un gran líder y profeta del pueblo de Israel.

Naamán (2 Reyes 5:1-15)

Naamán era jefe del ejército del rey de Siria, un soldado muy valiente y de gran prestigio que estaba enfermo de lepra. En su casa había una joven criada israelita y ella les habló sobre el profeta Eliseo y cómo él podía sanar a Naamán de la lepra.

Naamán habló con el rey de Siria que le concedió permiso para ir a Israel. Le entregó una carta para el rey que decía: «Cuando te llegue esta carta, verás que el portador es Naamán, uno de mis oficiales. Te lo envío para que lo sanes de su lepra». (2 Reyes 5:6)

El rey de Israel se puso muy nervioso, vio esto como un acto con intención de comenzar una guerra ya que él se sabía incapaz de sanar. Eliseo le envió un mensaje tranquilizador al rey y le dijo que él recibiría a Naamán. Eliseo le dio instrucciones a Naamán para que pudiera recibir sanidad en el nombre del Señor. Naamán siguió las instrucciones, fue sanado y reconoció al Dios de Israel como el Dios verdadero.

Sanidades en el Nuevo Testamento

El mendigo en el templo (Hechos 3:1-10)

Pedro y Juan iban para el templo a orar una tarde y vieron a un hombre lisiado (cojo) mendigando a la puerta del templo. Este hombre mendigaba allí cada día y al ver a Pedro y Juan que se acercaban les pidió limosnas con la esperanza de que le dieran por lo menos algunas monedas.

Pedro le contestó: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!" Y tomándolo por la mano derecha, lo levantó. Al instante los pies y los tobillos del hombre cobraron fuerza.
(Hechos 3:6-7)

El padre de Publio y otros enfermos (Hechos 28:7-10)

Luego de un naufragio, Pablo y todos los que habían naufragado con él, llegaron a la isla de Malta. El funcionario principal de la isla, Publio, los recibió amablemente en su casa y los hospedó por tres días.

El padre de Publio estaba en cama, enfermo con fiebre y disentería. Pablo entró a verlo y, después de orar, le impuso las manos y lo sanó. Como consecuencia de esto, los demás enfermos de la isla también acudían y eran sanados.
(Hechos 28:8-9)

El ministerio de Jesús

Mateo 4:23

Los Evangelios detallan muchos de los milagros que hizo Jesús durante sus tres años de ministerio y una buena parte de esos milagros fueron sanidades. Veamos algunas de esas sanidades y aprendamos del ministerio de Jesús.

Algunas sanidades de Jesús

Enfermedad Referencia bíblica La petición Qué hizo Jesús, cómo oró Resultado
Lepra

Mateo 8:1-4

Señor, si quieres, puedes limpiarme. Sí quiero —le dijo. ¡Queda limpio! Sanidad al instante.
Parálisis Mateo 8:5-13 (El centurión dijo:) Señor, mi siervo está postrado en casa con parálisis, y sufre terriblemente. Ofreció ir a sanarlo, pero el centurión dijo que confiaba en la autoridad de la palabra de Jesús. Jesús dijo entonces: "¡Ve! Todo se hará tal como creíste". Sanidad en la misma hora.
Fiebre Mateo 8:14-15 Ninguna. Jesús vio a la suegra de Pedro que estaba enferma. No oró, solo la tocó. Sanidad al instante.
Ceguera Juan 9:1-7 Ninguna. Los discípulos le preguntaron a Jesús: "Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres?" Jesús les contestó: "Ni él pecó, ni sus padres, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida". Escupió en el suelo, hizo barro con la saliva y se lo untó en los ojos al ciego diciéndole que fuera a lavarse en el estanque de Siloé. El ciego fue y se lavó, y al volver ya veía.
Invalidez Juan 5:1-9 Ninguna. Jesús se fijó en él entre muchos enfermos que estaban en el estanque de Betesda. Jesús le preguntó si quería ser sano, el enfermo contesta con excusas, pero Jesús le dijo: Levántate, recoge tu camilla y anda. Quedó sano al instante.
Mano seca paralizada Mateo 12:9-14 Ninguna. Jesús vio al hombre al entrar en la sinagoga. Jesús le dijo que extendiera la mano. Sanidad al instante.
Sordomudez Marcos 7:31-37 Lo trajeron otros hasta Jesús y ellos le suplicaron que pusiera su mano sobre el sordomudo. Jesús llevó el enfermo aparte, le puso los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Miró al cielo, suspiró y dijo "ábrete". Sanidad al instante.
Varias enfermedades Mateo 15:29-31 Las multitudes colocaron a los pies de Jesús todo tipo de enfermos: sordos, mudos, cojos, ciegos, y mucho más. No sabemos cómo, pero los sanó. Sanidad al instante.
Flujo de sangre Mateo 9:20-22 Ella tocó el borde del manto de Jesús mientra pensaba «Si al menos logro tocar su manto, quedaré sana».

Jesús se dio vuelta, la vio y le dijo: ¡Ánimo, hija! Tu fe te ha sanado.

Sanidad al instante.

Podemos ver que Jesús no tenía un patrón específico o una fórmula para sanar. Algunas veces los enfermos le pidieron sanidad; otras veces lo hicieron sus amigos o familiares. Pero en algunas ocasiones él decidió sanar sin que se lo pidieran. Lo que sí vemos en Jesús es la certeza de que era el momento adecuado para que llegara la sanidad a esa persona.

¿Cuál era "el secreto" del ministerio de Jesús? Él se mantenía en comunicación con el Padre y seguía su dirección y guía en todo lo que hacía y decía (Juan 5:17-18; Juan 8:26). Aun siendo Dios, decidió someterse a la voluntad del Padre.

Ciertamente les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por su propia cuenta, sino solamente lo que ve que su Padre hace, porque cualquier cosa que hace el Padre, la hace también el Hijo.
(Juan 5:19)

Cómo orar por los enfermos

Como hijos de Dios ya hemos experimentado el poder de Dios. Sabemos que él, como buen Padre que es, desea dar cosas buenas a sus hijos (Mateo 7:11) y él nos anima a pedirle lo que necesitamos.

Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pescado, le da una serpiente? Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan!
(Mateo 7:7-11)

Pero no debemos exigir lo que queremos ni pedir cualquier cosa que se nos antoje. Debemos pedir con humildad (2 Crónicas 7:14-15), dentro de la voluntad de Dios (1 Juan 5:14-15), con fe (Santiago 5:14-15), confiando en que lo que Dios hace (o no hace) es lo mejor para nosotros.

El orar por sanidad debe formar parte de nuestra vida como cristianos pues está dentro de la misión que Dios ha encomendado a los que creemos en él.

Estas señales acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán en nuevas lenguas; tomarán en sus manos serpientes; y, cuando beban algo venenoso, no les hará daño alguno; pondrán las manos sobre los enfermos, y estos recobrarán la salud».
(Marcos 16:17-18)

No haremos estas cosas con nuestras propias fuerzas. Las haremos en el nombre de Jesús, en humildad y siguiendo su ejemplo (Filipenses 2:1-11).

¿Qué pasa si Dios no sana?

Hay veces en las que Dios decide no sanar físicamente a una persona. Cuando esto sucede hay que recordar lo siguiente:

  • Debemos seguir confiando en el poder, el amor y la bondad de Dios para nosotros. Ya él nos concedió el milagro de la vida eterna y eso es lo que necesitamos en realidad.

Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.
(Romanos 6:23)

  • No debemos culparnos a nosotros mismos o a la persona enferma. Debemos someternos a la voluntad de Dios pues hay cosas que no entenderemos mientras estemos en nuestro cuerpo humano.

Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido.
(1 Corintios 13:12)

  • Recordar que los pensamientos de Dios son diferentes a los nuestros y lo que él más anhela es darnos aquello que nos ayuda en nuestro crecimiento espiritual.

Porque mis pensamientos no son los de ustedes, ni sus caminos son los míos —afirma el Señor—.
(Isaías 55:8)

  • No resistirnos a la voluntad de Dios sino fortalecernos en él y descansar en sus promesas.

Porque así dice el Señor omnipotente, el Santo de Israel: «En el arrepentimiento y la calma está su salvación, en la serenidad y la confianza está su fuerza, ¡pero ustedes no lo quieren reconocer!
(Isaías 30:15)

Recibe ánimo al leer estos 10 versículos que hablan sobre la sanidad divina.