36 versículos sobre el trabajo


Poder trabajar nos da gozo y un sentido de satisfacción. A través de nuestro trabajo colaboramos con la sociedad en la que vivimos y ayudamos a construir un mundo mejor. El trabajo también nos da la oportunidad de servir a Dios y a los que nos rodean. Los siguientes versículos bíblicos te ayudarán a entender la perspectiva bíblica sobre el trabajo.

Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor.
(Colosenses 3:23-24)

Si trabajamos como para el Señor ponemos más empeño, lo hacemos con alegría y nuestra satisfacción es mucho mayor. Dios ve nuestro trabajo y nuestra actitud, y es de él que recibiremos la verdadera recompensa.

Y todo lo que te venga a la mano, hazlo con todo empeño; porque en el sepulcro, adonde te diriges, no hay trabajo ni planes ni conocimiento ni sabiduría.
(Eclesiastés 9:10)

Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano.
(1 Corintios 15:58)

Sirvan de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres, sabiendo que el Señor recompensará a cada uno por el bien que haya hecho, sea esclavo o sea libre. (Efesios 6:7-8)

Sirvan de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres, sabiendo que el Señor recompensará a cada uno por el bien que haya hecho, sea esclavo o sea libre.
(Efesios 6:7-8)

Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara.
(Génesis 2:15)

Cuando Dios creó al hombre, le encargó el cuidado del jardín del Edén. Desde el principio de la creación, el deseo de Dios para los seres humanos es que colaboremos con el cuidado de la tierra y de los recursos que él nos ha dado.

Lo que ganes con tus manos, eso comerás;
gozarás de dicha y prosperidad.
(Salmo 128:2)

Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él.
(Colosenses 3:17)

Con mi ejemplo les he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir”.
(Hechos 20:35)

El labrador que trabaja duro tiene derecho a recibir primero parte de la cosecha.
(2 Timoteo 2:6)

Todo trabajo merece una recompensa. Cada trabajador debe recibir un pago justo por el trabajo hecho.

Esfuérzate por presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que interpreta rectamente la palabra de verdad.
(2 Timoteo 2:15)

Que el favor del Señor nuestro Dios esté sobre nosotros.
Confirma en nosotros la obra de nuestras manos;
sí, confirma la obra de nuestras manos.
(Salmo 90:17)

Ustedes mismos saben cómo deben seguir nuestro ejemplo. Nosotros no vivimos como ociosos entre ustedes, ni comimos el pan de nadie sin pagarlo. Al contrario, día y noche trabajamos arduamente y sin descanso para no ser una carga a ninguno de ustedes.
(2 Tesalonicenses 3:7-8)

Pon en manos del Señor todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán. (Proverbios 16:3)

Pon en manos del Señor todas tus obras,
y tus proyectos se cumplirán.
(Proverbios 16:3)

Porque, incluso cuando estábamos con ustedes, les ordenamos: «El que no quiera trabajar, que tampoco coma».
Nos hemos enterado de que entre ustedes hay algunos que andan de vagos, sin trabajar en nada, y que solo se meten en lo que no les importa. A tales personas les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo que tranquilamente se pongan a trabajar para ganarse la vida.
(2 Tesalonicenses 3:10-12)

Las manos ociosas conducen a la pobreza;
las manos hábiles atraen riquezas.
(Proverbios 10:4)

Trabajen, pero no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece para vida eterna, la cual les dará el Hijo del hombre. Sobre este ha puesto Dios el Padre su sello de aprobación.
(Juan 6:27)

Tengan por aspiración vivir en tranquilidad, ocuparse en sus propios asuntos y trabajar con sus propias manos, como les hemos mandado; a fin de que se conduzcan honestamente para con los de afuera y que no tengan necesidad de nada.
(1 Tesalonicenses 4:11-12)

El hijo prevenido se abastece en el verano,
pero el sinvergüenza duerme en tiempo de cosecha.
(Proverbios 10:5)

El de manos diligentes gobernará;
pero el perezoso será subyugado.
(Proverbios 12:24)

El perezoso ambiciona, y nada consigue;
el diligente ve cumplidos sus deseos.
(Proverbios 13:4)

¡Anda, perezoso, fíjate en la hormiga!
¡Fíjate en lo que hace, y adquiere sabiduría!
No tiene quien la mande,
ni quien la vigile ni gobierne;
con todo, en el verano almacena provisiones
y durante la cosecha recoge alimentos.
(Proverbios 6:6-8)

Perezoso, ¿cuánto tiempo más seguirás acostado?
¿Cuándo despertarás de tu sueño?
Un corto sueño, una breve siesta,
un pequeño descanso, cruzado de brazos…
¡y te asaltará la pobreza como un bandido,
y la escasez como un hombre armado!
(Proverbios 6:9-11)

Cuídense de no echar a perder el fruto de nuestro trabajo; procuren más bien recibir la recompensa completa.
(2 Juan 1:8)

Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros, a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo.
(Efesios 4:11-12)

El que robaba, que no robe más, sino que trabaje honradamente con las manos para tener qué compartir con los necesitados.
(Efesios 4:28)

El que labra su tierra tendrá abundante comida, pero el que sueña despierto es un imprudente. (Proverbios 12:11)

El que labra su tierra tendrá abundante comida,
pero el que sueña despierto es un imprudente.
(Proverbios 12:11)

Todo esfuerzo tiene su recompensa,
pero quedarse solo en palabras lleva a la pobreza.
(Proverbios 14:23)

Mejor dos que uno solo, pues tienen mejor recompensa por su trabajo.
(Eclesiastés 4:9)

El que es negligente en su trabajo
confraterniza con el que es destructivo.
(Proverbios 18:9)

No te des al sueño, o te quedarás pobre;
mantente despierto y tendrás pan de sobra.
(Proverbios 20:13)

Asimismo, el que Dios le dé a un hombre riquezas y posesiones, permitiéndole también comer de ellas, tomar su porción y gozarse de su duro trabajo, esto es un don de Dios.
(Eclesiastés 5:19)

Vi a un hombre solitario, sin hijos ni hermanos, y que nunca dejaba de afanarse; ¡jamás le parecían demasiadas sus riquezas! «¿Para quién trabajo tanto, y me abstengo de las cosas buenas?», se preguntó. ¡También esto es absurdo, y una penosa tarea!
(Eclesiastés 4:8)

El que no provee para los suyos, y sobre todo para los de su propia casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo.
(1 Timoteo 5:8)

Sin embargo, considero que mi vida carece de valor para mí mismo, con tal de que termine mi carrera y lleve a cabo el servicio que me ha encomendado el Señor Jesús, que es el de dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.
(Hechos 20:24)

Porque Dios no es injusto como para olvidarse de las obras y del amor que, para su gloria, ustedes han mostrado sirviendo a los santos, como lo siguen haciendo.
(Hebreos 6:10)

Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre.
(Juan 14:12)

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